Se presentan cargos a profesor de judo por muerte de niño que fue arrojado al piso 27 veces en una clase
En Taiwán se presentaron cargos en contra de un entrenador de judo por agresión física que resultó en graves lesiones y el uso de un menor para cometer un delito, por la hospitalización y posterior fallecimiento de un niño de 7 años que durante la clase del 21 de abril fue arrojado al piso 27 veces.
Por razones de privacidad se desconoce el nombre del niño. Se sabe que el tío lo llevó a esa lección y grabó la clase para demostrarle a la madre del niño que el judo no era un deporte en el mejor interés del niño. Así, existe la evidencia de que el niño fue arrojado al piso consecutivamente por un niño mayor que él para que después el entrenador, que ha sido identificado solo con el nombre Ho, lo arrojara una vez más para enseñar al otro niño la técnica.
Durante la lección el niño se quejó, pero el entrenador lo obligó a ponerse de pie hasta que quedó inconsciente en el piso. El entrenador entonces lo acusó de estar fingiendo el desmayo.
El niño fue ingresado en el hospital, entró en coma y luego en soporte vital y, después de 70 días, cuando su presión sanguínea empezó a disminuir, sus padres decidieron sacarlo del soporte vital y el pequeño falleció.
Con el fallecimiento del niño la fiscalía ha actualizado los cargos a lesiones que ocasionan la muerte.
El entrenador Ho, que presuntamente tiene más de 60 años y no tenía licencia para enseñar el arte marcial, fue puesto en libertad tras el pago de una fianza de 100,000 nuevos dólares taiwaneses, equivalentes a unos 3,583 dólares estadunidenses. Esto según reportes del sitio local de noticias Taipei Times.
Cuando se hace la pregunta de la razón por la que el tío no detuvo la clase, expertos taiwaneses responden que hay una cultura de respeto y reverencia hacia los profesores. Así, probablemente confiando en el conocimiento del profesor y que no iba a poner en riesgo la integridad física del niños, el tío se limitó a filmar el video, aunque ahora se siente arrepentido.
Esta cultura de reverencia a los entrenadores en general ha llevado en algunos casos a que actúen de forma prepotente sin prever que sus duras acciones o palabras tienen consecuencias. Por ejemplo, en enero de 2013, quince jóvenes atletas del equipo olímpico femenino japonés de judo denunciaron a su entrenador Ryuji Sonoda ante el Comité Olímpico Japonés (COJ) porque las disciplinaba con sables de bambú como los utilizados en la práctica del kendo, y las abofeteaba.
También en Japón, en septiembre de ese mismo año un entrenador de basquetbol que creía en el castigo físico, fue sentenciado a un año de prisión por la agresión física a un estudiante que al día siguiente se suicidó.
En Corea del Sur el año pasado se abrió una investigación a un entrenador de atletismo denunciado por una atleta de 22 años por agresión física y verbal. La joven cometió suicidio meses después de haber presentado denuncia de los hechos.
Más información bbc.com
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