Quince jóvenes atletas del equipo olímpico femenino japonés de judo decidieron denunciar a su entrenador Ryuji Sonoda ante el Comité Olímpico Japonés (COJ) quién las disciplinaba con sables de bambú como los utilizados en la práctica del kendo y las abofeteaba.
Una ley de 1947 prohíbe a los maestros recurrir a las sanciones físicas contra sus alumnos, pero algunos lo hacen y no son sancionados. Tal fue el caso de Sonoda a quién la Federación de Judo, sólo lo amonestó, amenazándole con sanciones más fuertes si se repetían los hechos, y una suspensión ni siquiera fue considerada.
El uso de castigos corporales en los deportes se ha convertido en un tema de debate en la nación del sol naciente después de que en diciembre del año pasado un estudiante de preparatoria se suicidó, descubriéndose que su entrenador de básquetbol lo maltrataba regularmente.
El joven, quien era capitán del equipo, dejó una carta dirigida al entrenador y una nota en la que decía que no podía seguir haciendo frente a los castigos físicos que recibía. El entrenador admitió que en varias ocasiones abofeteó al joven, pero según sus palabras, su intención era “endurecer al chico”.
La investigación realizada por las autoridades educativas demostró que en un grupo de 50 alumnos miembros y ex miembros del equipo, al menos 21 habían sido objeto de abuso físico por parte del entrenador.
En Japón existe una asociación de víctimas de accidentes de judo creada por Yoshihiro Murakawai, un hombre convencido de que su sobrino de 12 años murió como consecuencia de la violencia en un entrenamiento de judo.
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