Manifestantes en Tailandia en 2014

 

La juventud en Tailandia sigue manifestándose en contra del gobierno y la noche del pasado 10 de agosto sostuvieron un mitin en la Universidad Thammasat, el cual ha sido criticado por el gobierno por haber estado a punto de “cruzar la línea” en lo que se refiere al delito de lesa majestad.

El movimiento de jóvenes, que parece haberse dividido a partir del mitin del lunes, tiene una triple petición: una profunda reforma constitucional, la disolución de la Cámara de Representantes y el fin a la intimidación de críticos y opositores del gobierno. Esta intimidación del gobierno parece ser cosa corriente desde el golpe de estado de 2014.

Durante la asamblea, sin embargo, algunos oradores se atrevieron a ir más allá y proponer, como parte de la reforma constitucional, una reforma a la monarquía tailandesa, limitando las prerrogativas de los miembros de la casa real. El problema radica en que en Tailandia la monarquía es una institución muy (muy) reverenciada y hablar mal de ella o de sus miembros es un delito castigado con penas de prisión.

El delito de lesa majestad está regulado en la Sección 112 del Código Penal de Tailandia y sanciona a quienes difamen el honor del rey, reina, herederos o regente. Por cada ofensa se puede imponer un máximo de 15 años de prisión. Su delimitación es poco clara y ha servido en muchas ocasiones para censurar a los opositores al gobierno y a la monarquía. De esta forma, a partir del golpe de estado de 2014 que terminó con el gobierno de Yingluck Shinawatra, las persecuciones por crímenes de lesa majestad se intensificaron, lo que fue denunciado por organizaciones de derechos humanos, por periodistas e incluso por el embajador de los Estados Unidos en Tailandia, quien por esta denuncia fue investigado por lesa majestad.

Las persecuciones por este delito han llegado al grado de haber imputado a Sulak Sivaraksa, importante activista de 85 años, acusado de haber insultado la realeza al cuestionar si un rey que vivió hace más de 400 años realmente ganó una batalla combatiendo desde el lomo de un elefante.

Muchos de estos abusos fueron reportados en 2015 por la periodista tailandesa Mutita Chuachang, quien ese año ganó el premio Kate Webb de la Agence France-Press, AFP, por estos reportes que incluían los casos de un hombre condenado a 30 años de prisión y de la madre de dos niños condenada a 28 años por supuestamente haber escrito en la red mensajes difamatorios.

Las peticiones de los jóvenes no solo fueron mal recibidas por el gobierno del primer ministro Prayut Chan-o-cha (antes líder de la junta militar que gobernó desde 2014), sino también por la Universidad Thammasat que en un comunicado explicó que, aunque los activistas tenían permiso para celebrar el mitin, excedieron con sus palabras los límites de ese permiso. Estos excesos, señala la Universidad, son responsabilidad personal de los manifestantes puesto que los organizadores llegaron a un acuerdo previo con la policía sobre el contenido de la asamblea.

La policía, declara la Universidad, está ya investigando a los participantes, particularmente a quienes no son estudiantes de esta institución educativa y la Universidad tomará medidas disciplinarias respecto de sus estudiantes, con fundamento en su reglamento.

Además, ya han anunciado que para evitar situaciones semejantes en el futuro, han decidido limitar las reuniones políticas en sus premisas para no arriesgarse a infringir nuevamente la ley.

Pese a las fuertes palabras de muchos políticos sobre las demandas de los estudiantes respecto de la reforma de la monarquía, este miércoles más de 100 académicos e investigadores manifestaron que los jóvenes no cometieron ninguna ilegalidad con sus palabras ni incurrieron en el delito de lesa majestad, una postura que, de imputarse a algún participante, tendrá que defenderse en los tribunales.

Más información bangkokpost.com

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