Interior del Modelo S de Tesla, auto eléctrico
Interior del Modelo S de Tesla, auto eléctrico

En entrevista para The Guardian habló la ingeniera AJ Vandermeyden respecto de la demanda que el pasado otoño presentó en contra de su empleadora, la armadora de automóviles Tesla, por discriminación y “acoso generalizado” en la fábrica ubicada en Fremont, California.

La ingeniera Vandermeyden, de 33 años de edad, sigue trabajando en el departamento de ventas de Tesla, al que fue transferida después de haberse quejado de las condiciones de trabajo en 2015.

Ella asegura que en Tesla, empresa automotriz fundada en 2003 por Martin Eberhard y Marc Tarpenning principalmente, el ambiente de trabajo es discriminatorio hacia las mujeres. De esta forma, señala que, de los 30 vicepresidentes, solo dos son mujeres.

Sus quejas personales no difieren de las de otras muchas mujeres trabajando en empresas de tecnología: salario comparativamente más bajo que el de hombres que realizan las mismas funciones; menos ascensos pese a mejor desempeño laboral respecto de los hombres por bajos puntajes de “desempeño” calificados por hombres; ambiente de trabajo impregnado de acoso, con el uso de un lenguaje altisonante y vulgar y los conocidos episodios de hombres aullando como animales al paso de las pocas ingenieras que trabajan en la planta.

Además, ha declarado que el haber mencionado las fallas en los procesos de certificación de calidad de los automóviles le hizo ganadora del calificativo de “whistleblower” o soplona y que haber alzado la voz en contra de la discriminación y las condiciones de trabajo la puso en una situación difícil en la que ascender es prácticamente imposible.

En la demanda también se acusa a Tesla de haberle negado el pago de horas extra, de periodos de descanso y de comida, acusaciones estas últimas similares a las que varios trabajadores han presentado en contra de la armadora de automóviles en fechas recientes.

Tesla se distingue, además de por vender coches exageradamente costosos, por los modelos impulsados por baterías eléctricas y por su tecnología de autos autónomos, que por un aparentemente mal funcionamiento de las cámaras costó la vida el año pasado al propietario de un Tesla.

La ingeniera Vandermeyden está siendo representada por la abogada Therese Lawless, quien representó el año pasado en una demanda similar a Ellen Pao en contra de la sociedad de capital de riesgo Kleiner Perkins Caufield & Byers, por lo que conoce la dificultad de este tipo de acusaciones.

La abogada dijo que muchas mujeres que se encuentran en una poción semejante prefieren no quejarse. “Es muy difícil para las mujeres hablar. Les preocupa que su carrera se vaya a ver obstaculizada o comprometida”.

“Muchas de mis clientes me dicen ‘recursos humanos no me está ayudando. Sólo están protegiendo a la compañía’”, puntualizó la abogada Lawless.

Esta demanda por discriminación y acoso generalizado no es la única que se ha presentado en fechas recientes en Silicon Valley. Además de la demanda de Ellen Pao, la ingeniera Tina Huang demandó a Twitter y más recientemente la ingeniera Susan Fowler ha acusado a Uber de sexismo, de haber desechado una acusación de acoso sexual documentado por proteger a un empleado considerado “de alto desempeño” sugiriendo que las mujeres no están tan calificadas como los hombres. Estas acusaciones, sin embargo, no han sido presentadas ante tribunales.

El 8 de marzo es el Día de la Mujer y que estos casos sirvan para recordarnos que celebramos este día por la lucha que las mujeres en todo el mundo están enfrentando para lograr un trato equitativo y justo. No ofendamos ni hagamos indigna esta importante lucha diaria creyendo que se trata de festejar a las “bellas damitas”, con una rosa.

Más información theguardian.com

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