Poster de el Lobo de Wall Street

 

Un tribunal federal de apelaciones de los Estados Unidos, concluyó que los productores de la película El Lobo de Wall Street no hicieron declaraciones imprudentes sobre Andrew Greene, un ex ejecutivo de Stratton Oakmont, la desprestigiada firma de corretaje que es el centro de la película de 2013 Martin Scorsese.

En el caso, Andrew Greene presentó en 2014 una demanda en contra de Paramount Pictures, Sikelia Productions de Scorsese y Appian Way Productions de Leonardo DiCaprio, Greene no estaba contento con el personaje de Nicky "Rugrat" Koskoff, interpretado por el actor PJ Byrne.

Este personaje usó un toupee durante toda la película y el personaje de Jonah Hill, Donnie Azoff se refiere a él diciendo: "Jodido Rugrat, ese maricón con peluca. No puedo creer a ese maldito tipo. Quiero matarlo", y el personaje principal interpretado por Leonardo DiCaprio, Jordan Belfort, le responde: "Juro por Dios que quiero estrangularlo hasta la muerte. Pequeño imbécil irresponsable".

En la demanda se argumentaba "difamación en la ficción", donde el demandante tiene que demostrar que una persona razonable puede entender que lo que se supone es ficción son declaraciones falsas poco disimuladas sobre él. Greene afirmó que los espectadores lo verían como un criminal que usaba drogas y festejaba con prostitutas.

Sin embargo, el Tribunal de apelaciones del Segundo Circuito concluyó que no existió malicia real porque, entre otras cosas, los productores usaron nombres falsos e incluyeron un descargo de responsabilidad.

"Si bien este Tribunal no ha hablado definitivamente sobre la difamación en el contexto de los personajes ficticios, nuestra jurisprudencia de la Primera Enmienda requiere que un demandante demuestre que el personaje es lo suficientemente similar a él como para considerar que la declaración es 'acerca de él', que le concierne, y que la representación es falsa y difamatoria", señala el panel de tres jueces que resolvió el tema por unanimidad.

La corte de apelaciones acuerda que los creadores de Wolf of Wall Street  "tomaron las medidas apropiadas para asegurarse de que nadie fuera difamado por la película", incluida la forma en que el guionista Terence Winter creó personajes compuestos y asignó nombres ficticios.

La decisión también establece que ningún espectador razonable creería que los acusados pretendían que el personaje de Koskoff fuera una representación de Greene.

"El punto más obvio es que no hay ningún personaje llamado Andrew Greene o Wigwam en la película", continúa la opinión. "Además, el registro muestra que los acusados sabían que el personaje de Koskoff era un personaje ficticio compuesto de tres personas diferentes representadas en el libro. Por ejemplo, en la película, el personaje de Koskoff era corredor de bolsa de Stratton que trabaja en el piso de negociación, mientras que Greene, por otro lado, era el jefe del Departamento de Finanzas Corporativas que no trabajaba en el piso de negociación".

Finalmente, el Segundo Circuito observa un descargo de responsabilidad durante los créditos finales de la película que decía: "Si bien esta historia se basa en hechos reales, ciertos personajes, caracterizaciones, incidentes, ubicaciones y diálogos fueron ficticios o inventados con fines de dramatización. Con respecto a dicha ficción o invención, cualquier similitud con el nombre o con el personaje o la historia real de cualquier persona, viva o muerta, o cualquier producto o entidad o incidente real, tiene un propósito dramático y no pretende reflejar un personaje real, la historia, producto o entidad".

O sea, que las leyendas finales que aparecen en los créditos como excluyentes de responsabilidad, si tienen efectos, aunque la gran mayoría las ignore.

Aún se encuentra pendiente una demanda presentada por Jordan Belfort, cofundador de Stratton Oakmont, que pasó 22 meses tras las rejas por fraude y lavado de dinero y recibió la orden de pagar a sus víctimas 110.4 millones de dólares en restitución después de declararse culpable en relación con los eventos representados en la película de 2013, cuya historia inspiró la película en contra de  Red Granite Pictures, compañía productora a la que le vendió los derechos para la película por haberla financiado con recursos de dudosa procedencia.

Belfort, tiene escrúpulos y dice que nunca hubiera vendido los derechos sobre sus memorias, si hubiese sabido que la producción fue financiada con dinero sucio.

Más información hollywoodreporter.com/thr-esq

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