La semana pasada me llamó la atención la columna de un periodista que presentaba en su columna información sobre una investigación en proceso haciendo juicios de valor sobre la misma, jactándose que esta provenía de una averiguación previa en proceso con la frase “de acuerdo con la averiguación previa, a la que he tenido acceso”.

Es común que algunos periodistas hagan esto para aparecer frente a su audiencia como personas muy informadas, pero existe un principio de sigilo sobre las averiguaciones previas, previsto en el artículo 16 del Código Federal de Procedimientos Penales.

Esta disposición establece que: “Al expediente de averiguación previa únicamente tendrán acceso el inculpado, su defensor y la víctima u ofendido o su representante legal. La averiguación previa así como todos los documentos, independientemente de su contenido o naturaleza, y los objetos, registros de voz e imágenes o cosas que le estén relacionados, son estrictamente reservados”.

No obstante existen excepciones a este principio, como cuando se trata de la comisión de violaciones graves a derechos fundamentales o delitos de lesa humanidad, según criterio del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales con base en la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental.

Pese a que esta prohibición está vigente, no ha impedido que periodistas tengan acceso a las averiguaciones previas y divulgan su contenido, dando origen a lo que se denomina juicio paralelo en el que los periodistas hacen juicios de valor y modelan la opinión de su audiencia a partir de una visión parcial, en el que los argumentos de la defensa son ignorados.

En la doctrina, el juicio paralelo se define como el conjunto de informaciones y noticias, acompañadas de juicios de valor más o menos explícitos, difundidas durante un determinado periodo de tiempo en los medios de comunicación sobre un caso, y con independencia de la fase procesal en la que se encuentre.

Propio del juicio paralelo es que la información suele presentarse de manera sesgada, fragmentada y descontextualizada, y se suele sustituir información por opinión o especulación, para finalmente trasladar el debate a una sede que no es la judicial, careciendo pues de las garantías idóneas, señala Juan Carlos Montalvo Abiol.

El efecto del  juicio paralelo, dice Montalvo Abiol, se presenta cuando la actividad del profesional de la información pasa de su función informativa a un ejercicio ilegítimo del periodismo en la cual pretenden sustituir o alterar la sensibilidad o percepción social por medio de una intervención manipuladora.

Los medios pueden especular sobre el grado de participación o no de determinadas personas, su culpabilidad o inocencia e “incluso el reproche ético o moral que merecen” éstas personas.

Así estos juicios paralelos ponen en riesgo la imparcialidad o de los jueces o por lo menos la dificulta, ya que los medios de comunicación antes de la sentencia ya han concluido anticipadamente que el imputado es culpable o inocente y pobre del juez que dicte una sentencia que no ratifique la conclusión de los medios de comunicación.

Con estos juicios paralelos el ejercicio del derecho a la libertad de información y de la libertad de expresión, “puede llevar a cometer excesos en contra del derecho a la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo”.

A veces estos juicios paralelos sólo tienen la intención de generar descontento. Hace una semana el periodista José Fonseca destacaba que su gremio a veces cultiva la cólera ciudadana, “pues muchos ocultan tras la máscara de una supuesta objetividad agendas personales o las agendas de los medios” y concluía que “estos tiempos exigen mayor rigor profesional… si no hacemos nuestro trabajo con rigor profesional, con gran respeto por la antigua práctica periodística de verificar los hechos una y otra vez, corremos el riesgo de ya no ser periodistas. Nos convertiremos en sicarios”.

Exijamos ese rigor a los periodistas. Tal vez ha llegado el momento de analizar en nuestro país el evitar que se sigan dando estos juicios paralelos que sólo generan descontento, indignación y odio.

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