A Anna Chapman el gobierno de los Estados Unidos no le dio la oportunidad de demostrar que no era una espía rusa. Las pruebas indicaban que lo era y como tal fue detenida y deportada hacia Moscú, Rusia, sin preguntas y sin necesitar respuestas. La historia de Katia Zatuliveter es diferente.

 

Katia Zatuliveter es una joven rubia rusa de 26 años que conoció a un parlamentario británico en una conferencia en San Petesburgo y de quien se enamoró pese a que él es 39 años mayor que ella.

 

Siguiendo a su parlamentario, Katia consiguió una beca de estudios en la Gran Bretaña y obtuvo trabajo como asistente en la oficina de su amante, Mike Hancock, un político liberal miembro del Comité Selecto de Seguridad del Parlamento británico, y quien, está de más decir, era casado.

 

La relación amorosa duró cuatro años hasta que se acusó a Katia de ser una espía rusa que gracias a su relación con el parlamentario había tenido acceso a información clasificada de seguridad del gobierno y que transmitió al gobierno ruso.

 

Pero a diferencia del caso de Anna Chapman, la inteligencia británica del MI5 no tenía pruebas irrefutables de que la joven ejerciera el mismo oficio que Mata Hari y ella pudo meter su pie en el sistema de justicia británico y evitar su deportación inmediata.

 

Su juicio duró un año y como estrategia de defensa se presentaron sus diarios personales en donde Katia narraba su amor hacia Hancock, a quien llamaba “mi querido osito teddy”.

 

Gracias a estos diarios la Comisión Especial de Apelaciones de Inmigración pudo conocer a la joven que la defensa quería que conocieran, una joven que escribía como adolescente enamorada de un hombre de 65 años y basado en ello concluyó que Katia había llegado a Inglaterra impulsada por un loco amor y no por órdenes de los malignos ex camaradas de la ex KGB y le concedió el derecho de permanecer en la Gran Bretaña, una decisión con la que no está de acuerdo el ministerio del interior.

 

Como se trataron delicados temas de seguridad nacional presentados por el gobierno tendientes a demostrar la profesión de espía de Zatuliveter, ni ella ni su abogado pudieron estar presentes en muchas audiencias del proceso que por tal motivo fue a puerta cerrada. Sin embargo, de las declaraciones presentadas por Katia se descubrió a una mujer con una gran agudeza intelectual que supo contestar oportunamente las delicadas imputaciones que se le hacían y finalizar sus aseveraciones con una enorme sonrisa.

 

Al término del proceso la prensa británica fotografió a una sonriente Katia que caminaba con un gran ramo de flores por las calles londinenses y aunque la relación con su querido osito teddy, quien por el escándalo se quedó sin trabajo, terminó, el futuro parece sonreír a esta joven que ya está en negociaciones para vender su historia y ser el siguiente gran éxito editorial y, quien sabe, quizá hasta de taquilla.

 

 

Más información Mail on Line

 

www.miabogadoenlinea.net