Cuando el mundo vio las fotos de Anna Chapman entre el grupo de personas acusadas de ser espías rusos en Estados Unidos, nadie creyó en su culpabilidad. Pero ella, como Angelina Jolie en SALT, era culpable.

Junto con otros 10 espías, Anna fue deportada de los Estados Unidos a cambio de cuatro detenidos estadounidenses en Rusia. Como parte del intercambio, ella firmó un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos a cambio de evitar su engorroso juicio y en ese acuerdo se comprometió a no lucrar con su historia.

Al llegar a Rusia le ofrecieron participar en una película porno, pero ella rechazó esta oferta, no así otra que le hicieron para ser fotografiada para la revista Zhará.

Anna pidió copias de las fotografías para su uso personal y cuando se las entregaron le advirtieron que no podía publicarlas, por lo que el asunto se salió de control cuando el periódico ruso Komsomólskaya Pravda publicó algunas de esas fotografías.

Anna explicó a Zhará que las fotografías las había publicado en su perfil de Facebook y que de ahí las había tomado el diario, a lo que la revista le contestó que ella había violado su acuerdo puesto que le habían dicho que no podía publicarlas en ningún medio.

Ahora Anna argumenta que las fotos que le hicieron son personales y que solo ella tiene derechos sobre esas fotografías ya que le preocupa no solo la posible demanda que en su contra interponga Zhará, sino que es probable que de este enredo se pueda inferir que cobró por el reportaje violando así el acuerdo que firmó con el gobierno de los Estados Unidos.

Veremos cómo sale delante de este pequeño embrollo.

Más información El País

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