Silla de ruedas

 

Un neozelandés de 34 años que está desahuciado y muriendo de cáncer, fue sentenciado a seis meses de detención domiciliaria por diversas infracciones y delitos de tránsito, unos de ellas graves, y enfrenta otro proceso relacionado con posesión de drogas y de un arma de fuego.

Se trata de Armand Ameal Jarom Pene, quien la semana pasada compareció ante la Corte de Distrito de Whangārei en Nueva Zelanda para escuchar la sentencia relacionada con once ofensas a la ley de tránsito: seis cargos por manejar estando descalificado para hacerlo (probablemente por suspensión de la licencia de conducir), uno por manejar estando bajo el efecto de drogas, otro por conducción peligrosa, otro más por rehusarse a proporcionar una muestra de sangre cuando le fue solicitada por la policía, otro por no haberse detenido cuando se lo ordenaron y el último por estar en posesión de metanfetaminas.

Armand Ameal Jarom Pene padece cáncer terminal de pulmón y por su precario estado de salud, que se va deteriorando cada vez más, se le fijó una fianza para seguir sus proceso en libertad con lo que evitó ir a prisión.

El viernes compareció en silla de ruedas ante el juez de Whangārei, una ciudad en la parte norte de la isla, para escuchar la sentencia. Por sus delitos, el juez Keith de Ridder dijo que merecía una sentencia de 17 meses de prisión, pero decidió en su lugar imponer una sentencia de seis meses de detención domiciliara debido a su enfermedad. La sentencia la cumplirá en casa de su madre, lo que probablemente la madre también percibe como un castigo.

Además de la detención domiciliaria, que coincide con las medidas de control para evitar la propagación del nuevo coronavirus, Jarom Pene no podrá tramitar una nueva licencia de conducir en un plazo de seis meses.

Por la posesión de metanfetaminas para distribuir, posesión de parafernalia para consumir metanfetaminas y la posesión ilegal de un arma de fuego, delitos todos más graves, se ha fijado fecha de audiencia el 7 de octubre, cuando podrá salir de su detención domiciliaria para responder por todos estos cargos.

Quizá Jarom Pene creía que podía delinquir y que su enfermedad lo excusaría de ser presentado ante los tribunales, pero, aunque obtuvo una sentencia compasiva por este hecho, sus delitos y ofensas no le fueron perdonadas porque al final de cuentas, con sus actos puso en grave riesgo a otros.

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