Un padre omaní ha sorprendido a la opinión pública de su país al haber solicitado al novio de su hija el pago de una dote de 20 riales, equivalente a unos US$57, retando con ello la práctica usual de solicitar elevadas dotes a los pretendientes de las hijas.
Aunque en Arabia Saudita, país vecino de Omán, se ha pedido por el gobierno que los padres dejen de solicitar dote para entregar a sus hijas en matrimonio, en los países de la península árabe sigue siendo usual hacerlo y, además, pedirlas en elevadas cantidades porque ello representa un símbolo de estatus y clase social, además de lo que supuestamente la familia valora a sus mujeres.
De esta forma, en Omán el promedio solicitado por dote es de unos 3,000 riales, equivalentes a unos US$7,800, pero hay casos en que, familias muy adineradas han llegado a solicitar hasta 20,000 riales, US$52,000.
Saud Al Farsi, de 60 años, ve la costumbre de una forma diferente. A su futuro yerno le ha pedido la dote de 20 riales como un mero simbolismo pues dice que, aunque el dinero tradicionalmente se entrega a la novia, prefiere que su hija viva una vida feliz y que el matrimonio empiece sin deudas, a diferencia de lo que suele suceder en casi todos los matrimonios omaníes en los que los novios se endeudan para poder pagar la dote.
“Las mujeres no son bienes. Ellas son seres humanos. No son vendidas ni compradas”, declaró Al-Farsi a los sorprendidos medios de Omán, a los que aclaró que esta es la tercera vez que solicita una dote de 20 riales pues hizo lo mismo cuando sus dos hijas mayores de casaron.
Asimismo, este amoroso padre dijo que primero discutió el tema de la dote con su hija. “Ella estuvo de acuerdo. La dote es para ella, no para mí. Yo no quiero llevar a su esposo a problemas financieros al pedir préstamos. Lo considero mi hijo”.
“La vida es difícil. ¿Cuál es el objetivo de pedir una dote costosa?”, dijo Al-Farsi, agregando que invertir en una casa o en un automóvil para el joven matrimonio es más importante que la costosa dote.
“Las dotes costosas han sido siempre un obstáculo para que los hombres jóvenes se casen”, dijo, quizá recordando su propia situación cuando contrajo matrimonio con la madre de sus hijas.
Con su acto y sus reflexiones, este padre invitó a otros padres a seguir su ejemplo y a dejar de poner precio a sus hijas, como si se tratara de vacas o perros con pedigrí.
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