La eutanasia siempre ha sido un tema muy controvertido ya que una muerte digna y sin dolor es para unos un derecho humano, pero para otros un crimen.

 

En muy pocos países se permite este suicidio asistido en caso de enfermedad para lograr lo que los defensores de la eutanasia llaman el derecho a una muerte digna.

 

Gran Bretaña no uno de esos países ya que existe una ley sobre el suicidio que data de 1961 en donde, si bien el suicidio mismo no se considera un delito, si lo es asistir, facilitar, aconsejar o procurar el suicidio de otro, razón por la cual quien asista en la muerte de un enfermo incurable puede ser sujeto a proceso con una sanción máxima de hasta 14 años de prisión.

 

Y es en Gran Bretaña donde Debbie Purdy, una mujer de 45 años enferma de esclerosis múltiple, está ventilando el caso ante los tribunales, no para que se le reconozca su derecho a morir sino para que su esposo no sea perseguido por el delito de asistencia al suicidio una vez que ella haya fallecido.

Debbie Purdy se define como una mujer que planea las cosas y es por eso, previendo que ya está en silla de ruedas y que su audición y vista han empezado a fallar considerablemente lo que indica que quizá no le queda mucho tiempo, solicitó al Director de Persecución Pública (algo equivalente a un Procurador General de Justicia en México) información sobre lo que se considera asistencia o facilitación al suicidio ya que la ley, quizá deliberadamente, es muy oscura al respecto.

 

El Director, sin embargo, no le dio la información que ella solicitaba y por eso llevó el caso a una Corte de Londres alegando que el funcionario le negó un derecho humano al no darle guía o referencia sobre las hipótesis sobre las que podrían actuar respecto de su marido una vez que ella ya no esté.

 

Esto es, su decisión está tomada. Ella ha elegido una muerte digna. Como no lo puede hacer en su país, tiene ya pensado acudir a la Clínica Dignitas en Zurich, Suiza, en donde el suicidio asistido es permitido desde 1941, en tanto no se haga con vistas a obtener un beneficio personal.

 

Esta Clínica fue fundada por un abogado Suizo y es una organización sin ánimo de lucro y con la finalidad de ayudar a los enfermos terminales a bien morir. Hasta la fecha 870 personas han obtenido la ayuda para llevar a cabo su último deseo.

La gran pregunta de Debbie es qué se considera bajo la ley británica la asistencia al suicidio ¿comprar el boleto de avión para Zurich? ¿empujar la silla de ruedas al aeropuerto? ¿acompañar al enfermo en ese último momento?

 

A muchos podrá parecerle una torpeza de Debbie el haber preguntado y así haber llamado la atención sobre su caso, ya que de los 100 británicos que han acudido a Dignitas ninguno de sus familiares ha sido enjuiciado. Pero ella quiere estar segura del todo de que su marido, a quien además de amar protege como si fuera un niño pequeño, Omar Puente, un violinista de Jazz cubano, no sea perseguido en el momento en que regrese al país, porque de ser así ella deberá ejecutar sola todo y adelantar la fecha de su muerte.

 

Pero además su cruzada está siendo vista como una nueva oportunidad de que la ley sea cambiada y se acepte la muerte asistida en caso de enfermedad  terminal.

 

Bien morir o morir con dignidad ¿es una contradicción de la persona que tiene la vida como el don más preciado? ¿Se trata de un derecho humano cuando una enfermedad ha convertido a esa persona en un ente sin control sobre su cuerpo o a veces sin voluntad propia? ¿Es un asunto religioso o moral? ¿Es una cuestión de humanidad o de economía "no produces eres desechable"? ¿El Estado debe proteger la vida aunque a él no le cueste el sufrimiento, el dolor e incluso el dinero del enfermo y de su familia? ¿Cómo conciliar las contradicciones de un Estado que no permite la eutanasia, pero apoya el aborto o aboga por la pena de muerte? ¿Cuándo es lícito o moral proteger la vida humana y cuando no?

 

La asistencia al suicidio de un enfermo es ilegal ¿pero eso lo hace justo?