El pasado 11 de enero, el Distrito Municipal de UThukela, de la provincia de KwaZulu-Natal, Sudáfrica, sorprendió cuando entregó 16 becas a estudiantes del último año de preparatoria por seguir siendo vírgenes, introduciendo así una nueva categoría de becas a entregarse por la municipalidad y cuyo objetivo es fomentar que las jóvenes se mantengan “puras” y se enfoquen en su educación.
Para mantener esta beca, sin embargo, será requisito que las jóvenes premiadas se sometan cada año durante las vacaciones a una prueba de virginidad que asegure que siguen manteniendo su “pureza”. “Si pierden su virginidad la beca se les retira”, dijo Jabulani Mkhonza, vocero del municipio.
Este año el municipio entregó becas a 113 alumnos de todo el municipio, incluyendo a jóvenes que no siendo vírgenes han tenido excelentes resultados académicos, pero esta se trata de una nueva categoría de premios.
El anuncio de las becas por virginidad ha causado mucho revuelo con personas apoyando la iniciativa y otras condenándola, no porque promuevan la virginidad sino porque someten a las jóvenes a las pruebas de virginidad que pueden llegar a ser muy traumáticas y a ser invasivas de su privacidad.
“Estas pruebas de virginidad pueden ser vistas como abusivas bajo la ley, cuando culturalmente son una buena cosa”, dijo Velaphi Mkhize, experto en asuntos culturales y quien señaló que la Constitución contradice en algunos casos las prácticas culturales. Ejemplificó su punto de vista con la ceremonia ritual Umkhosi woMhlanga que alienta a las jóvenes a permanecer vírgenes.
Por su parte, Busisiwe Lunga, una mujer que ha practicado pruebas de virginidad durante los pasados once años, dio la bienvenida a este tipo de becas declarando que han pensado presentar un sistema semejante a las jóvenes de preparatoria en Johannesburgo: “Queremos que sean examinadas y que se aseguren que tienen algo que pretender cuando lleguen a la universidad”.
Además, señaló, que se trata de una medida para que las jóvenes no contraigan el VIH SIDA. “La mayoría de las jóvenes se contagian de SIDA, sus niños se contagian de la enfermedad y encima de eso los hombres las dejan y ellas se olvidan que todavía tienen un largo camino enfrente de ellas”.
Yolande Bird, consejera profesional, está en desacuerdo con el otorgamiento de estas becas que exigen estas pruebas de virginidad: “Las continuas examinaciones pueden ser estresantes para las jóvenes”, dijo, y planteó lo que podría suceder en caso de que una de estas jovencitas fuera violada: “¿Qué pasa si eres violada durante el primer año? No sería justo porque alguien ejerció la fuerza sobre ti. ¿Qué pasa entonces?”.
Probablemente este asunto no se quede en opiniones encontradas ya que la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica tendrá mucho que decir sobre el otorgamiento de estas becas que, si bien pueden perseguir un objetivo válido, invaden el derecho a la privacidad de estas jóvenes y las someten a exámenes que pueden ser equiparados a tratos degradantes y crueles, atentatorios de sus derechos humanos.
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