El día de ayer amanecimos en este lado del mundo con la noticia de que la primera ministra de Australia, Julia Gillard, había perdido el liderazgo de su partido, el Partido Laboral frente a Kevin Rudd.

 

La pérdida de liderazgo en el partido de Julia Gillard significó para algunos australianos una crisis constitucional porque significaba que la primera mujer en alcanzar en Australia el cargo de primera ministra, debía dejar la oficina.

 

Sin embargo de acuerdo con catedráticos de Derecho, la votación al interior del Partido Laboral no fue sinónimo de una crisis constitucional debido a que la Constitución de ese país de 1900, prevé esta situación y por tanto ofrece soluciones a la crisis política.

 

Australia es una monarquía parlamentaria y por tanto su gobierno se entreteje con acuerdos políticos. El jefe de estado es la reina Isabel II quien está representada en el país por el gobernador general que actualmente es Quentin Bryce.

 

Entre las funciones del gobernador general se encuentra la de nombrar al primer ministro y en su caso, removerlo. El primer ministro es el líder del partido que al haber obtenido mayoría electoral en el parlamento forma el gobierno. Tras las elecciones de 2010 el Partido Laboral formó mayoría con el apoyo de los independientes y por eso Julia Gillard, su líder en ese momento, fue nombrada por el gobernador general como primera ministra.

 

Sin embargo el que Gillard haya perdido el liderazgo en su partido no significó que su sucesor Kevin Rudd obtuviera automáticamente el cargo de primer ministro. Julia Gillard tuvo que entregar su renuncia al gobernador general. Ella sugirió a su sucesor, pero en última instancia fue el gobernador general quien decidió el nombramiento como primer ministro de Kevin Rudd, ya que primero tuvo que conocer quién tenía el apoyo mayoritario en la Cámara de Representantes del Parlamento.

 

Lo anterior significó que la moneda quedó en el aire con los representantes independientes con la capacidad de decidir quién forma gobierno, ya que si bien formaron gobierno con el Partido Laboral, sus acuerdos políticos fueron en apoyo a Julia Gillard lo que no necesariamente significa que apoyen en igual medida a Kevin Rudd.

 

Así, se presentaron tres escenarios posibles: Si los independientes apoyaban a Kevin Rudd o por lo menos no presentaban una moción de censura en su contra, Rudd aseguraba el cargo de primer ministro

 

Si los independientes apoyaban al líder del Partido Liberal, Tony Abbott, Rudd no tendrá mayoría en la cámara y podría no ser nombrado primer ministro o ser nombrado por un muy corto período de tiempo, dependiendo de si se presentaba una moción de censura. En este caso los liberales podrían preferir adelantar las elecciones.

 

El tercer escenario era si los independientes votaban contra Rudd, pero no apoyaban tampoco a Abbott, lo que significaba que no se podría formar gobierno y las elecciones serían adelantadas del 14 de septiembre al 3 de agosto cuando se renovaría la Cámara de Representantes y la mitad del Senado.

 

Finalmente Rudd obtuvo respaldo de sufientes independientes y ya protestó como primer ministro de Australia, aunque será un cargo ha ejercer durante un corto período de tiempo pues Australia tiene programadas las elecciones para el próximo 14 de septiembre. Por motivo de esas elecciones el Partido Laboral votó por un cambio de líder pues prevén que si bien no ganarán las elecciones es más probable que retengan la mayoría de los escaños que actualmente tienen en la Cámara de Representantes con Kevin Rudd dirigiéndolos que con Julia Gillard, quien no es tan popular entre los australianos actualmente.

 

Mientras tanto Julia Gillard anunció su retiro de la política y dijo que pese a la derrota, ganó terreno para las mujeres porque a partir de ahora le será más fácil gobernar a la siguiente mujer que llegue a ocupar la posición de primera ministra.

 

 

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