Hoy dio inicio en Beijing, capital de China, el 18° Congreso del Partido Comunista con la presencia de más de dos mil delegados que elegirán al comité central de donde surgirá el nuevo líder del partido.

 

En medio de los preparativos del Congreso se presentaron numerosas denuncias de represión y de detenciones de peticionarios quienes fueron regresados a sus lugares de origen.

 

Dentro de la represión denunciada el tema se volcó también hacia los seguidores del Falun Gong, una disciplina espiritual que sus practicantes describen como una rutina de ejercicio suaves que transmiten valores de comprensión, verdad y tolerancia, y que el gobierno chino califica como una secta perniciosa, de “naturaleza anticientífica, antiortodoxa, antihumana y antigubernamental”, según consta en la página web de la embajada de China en México.

 

La práctica del Falun Gong fue introducida en China en 1992 por su creador, Li Hongzhi. Inicialmente se trató de una disciplina apoyada por el gobierno, pero en julio de 1999 fue prohibida y categorizada como actividad ilegal. Lo anterior, de acuerdo, con sus practicantes, porque las autoridades temieron que su filosofía supusiera un peligro para las autoridades, además de que su crecimiento fue exponencial, llegando a tener más miembros que el propio Partido Comunista.

 

Para el gobierno, la “secta herética” Falun Gong fue prohibida “a fin de salvaguardar la estabilidad social y eliminar las absurdas ideas supersticiosas” y para ello se creó la Oficina 610 del Partido Comunista, la cual realiza operativos tendientes a detener a los practicantes.

 

Pese a la prohibición, son muchas las personas que siguen la disciplina y que piden a las autoridades su legalización y la liberación de todas aquellas personas que han sido detenidas y condenadas a trabajos físicos por practicar el Falun Gong.

 

Una de las peticiones más recientes proviene de la población de Donganfeng, aldea que pese a la represión que ha sufrido por sus peticiones, ha recabado 1,108 nombres, de los que 622 han sido firmados con la huella dactilar sobre cera roja, que es la forma tradicional en China de firmar un documento importante.

 

Frente a peticiones como ésta para legalizar la práctica del Falun Gong, analistas coinciden en señalar que debido al crecimiento económico del país, los chinos están exigiendo una mayor libertad, situación que el Partido Comunista debe analizar durante este congreso, aunque muy pocos prevén algún cambio significativo en las políticas internas de China.

 

 

Más información La Gran Época

 

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