Este lunes un tribunal en la Gran Bretaña aceptó el caso interpuesto por un hombre de 57 años, Tony Nicklinson, para que se permita que un médico termine con su vida con fundamento en una necesidad y como tal no sea perseguido penalmente.
Tony Nicklinson sufrió un ataque masivo en 2005 que lo dejó totalmente paralizado en lo que se conoce como síndrome de encerramiento, lock-in syndrome, y solo puede comunicarse con un sintetizador de voz activado por sus parpadeos.
El inició el caso en enero de este año solicitando que se permita a que un médico, llegado el momento, pueda terminar legalmente con su “intolerable” vida, como la describe, sin que se inicie acción legal por homicidio ya que su situación no se puede incluir en los casos permitidos de suicidio asistido porque su incapacidad es total y él no puede suicidarse ni con asistencia de terceros y necesita de alguien que termine su vida por él.
Los argumentos del ministerio de justicia no fueron suficientes a juicio del juez para impedir que el caso siga su curso legal y añadió que el caso plantea reflexiones morales, éticas y religiosas que son socialmente importantes. El ministerio de justicia argumentó que el caso era materia legislativa y no un caso a debatirse ante el poder judicial.
A juicio del juez, Tony Nicklinson con su caso está buscando que un replanteamiento del derecho común como se entiende actualmente para que se acepte su derecho a morir como parte de su derecho humano de respeto a su vida privada.
En Gran Bretaña el tema sobre el suicidio asistido ha sido ampliamente debatido en los últimos años debido a la gran cantidad de británicos que han optado por viajar a Suiza para poner fin a sus vidas en la clínica Dignitas.
Más información Guardian
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