La noticia de lo que hasta ahora parece indicar el suicidio de la enfermera del Hospital Rey Eduardo VII que fue engañada por dos locutores de radio australianos conmocionó a la prensa.
Estos locutores, Mel Craig y Michael Christian de la estación 2DayFm de Sidney Australia, llamaron al hospital para, pretendiendo ser la reina Isabel II y el príncipe Carlos, obtener información sobre el estado de salud de la Duquesa de Cambridge, embarazada de quien será tercero en línea sucesoria al trono de Inglaterra.
Conocido el engaño, la enfermera Jacintha Saldahna apareció muerta en su departamento en lo que las autoridades suponen fue un suicidio.
La llamada telefónica pretendía ser una broma y de acuerdo con ejecutivos de la estación de radio, la grabación fue revisada por los abogados antes de ser transmitida para verificar que no violara leyes y disposiciones australianas. Sin embargo, no revisaron si la “broma” no incumplía leyes británicas.
Sobre el particular el abogado Hugh Tomlinson, representante de algunas de las víctimas de la intervención de teléfonos de News International, considera que los locutores violaron la Sección 55 de la Ley de Protección de Datos del Reino Unido al haber obtenido información personal en materia de salud de la Duquesa de Cambridge, sin su autorización. De acuerdo con Tomlinson, es irrelevante la razón para la que se obtuvieron los datos, como una broma de un programa de radio o para vender o publicitar un producto, y en este caso no aplica el derecho a la información de la prensa porque la situación particular de una mujer embarazada no es de interés público.
Probablemente los locutores no serán procesados en la Gran Bretaña por esta falta, pero la estación para la que trabajan sí está siendo investigada por un posible incumplimiento de la normativa australiana en materia de comunicaciones y ellos han sido señalados por los familiares de la enfermera Saldanha como “los únicos responsables” de su muerte, lo cual lejos de ser cierto no obsta para que la familia intente curar su dolor denunciándolos penalmente por inducción al suicidio o un delito similar.
Los locutores han declarado que la decisión de hacer la broma se tomó antes de hacer el programa, pero no mencionaron expresamente quien tomó la decisión, quizá en un afán de protegerse todos frente a las consecuencias legales de su no tan inocente ni intrascendente broma.
Más información Guardian
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