Inglaterra tuvo un ajetreado fin de semana ya que en una cuenta de Twitter se publicaron nombres, nombres y más nombres de diferentes celebridades del medio del espectáculo y del deporte que supuestamente han tenido amoríos extraoficiales, pero cuya divulgación se encuentra protegida por mandato judicial.

 

Estos mandatos judiciales nacieron de leyes de privacidad que intentaban proteger la identidad de ciertos testigos en casos contra la mafia, pero que han degenerado en lo que muchos califican como una transacción comercial que se hace en el poder judicial para que los nombres de los famosos que pueden pagar el proceso, queden protegidos y sus escándalos sexuales no puedan ser divulgados por la prensa. Existen ciertos mandatos de esta naturaleza que prohíben siquiera mencionar que existe un mandato a favor de determinada persona.

 

Leyes que protegen a los ricos, a decir de una mujer que se dedicaba a la prostitución y que declara que mantuvo un encuentro sexual con el futbolista estrella del Manchester United, Wayne Rooney y otra prostituta, y que dice que ha mantenido relaciones sexuales con otras personalidades que al amparo de estos mandatos, se presentan ante el público como respetables padres de familia.

 

La cuenta de Twitter @superinjunction publicó muchos nombres, algunos de ellos posiblemente incorrectos, y suscitó una gran conmoción en varias personalidades locales que en sus diversas cuentas de la popular red social desmintieron la información.

 

Quizá lo importante de esto no es la precisión de la información, sino que al publicar datos de manera anónima y utilizando los medios de comunicación alternativos, vigentes y legales, se pone en tela de juicio la existencia de estos mandatos judiciales, haciendo burla de ellos al incumplirlos.

 

El escándalo ha llegado a la clase política que promete revisar estas leyes para evitar en el futuro estos mandatos, lo que ha preocupado a la liga de fútbol inglés porque son varias estrellas de este deporte que cuentan con estos mandatos judiciales que les permiten seguir siendo modelos de conducta frente a sus seguidores, aunque su verdadera conducta dista mucho de ser un modelo de moralidad.

 

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