Los medios de comunicación británicos están furiosos a partir de un fallo judicial en que se ordena no mencionar el nombre de una estrella de fútbol, conocido solo como JIH, que ha mantenido relaciones extramaritales no con una, sino al menos con dos mujeres.

 

No es la primera vez que se presentan casos como éste, como el del actor que obtuvo una orden parecida para que su amante telefónica no publicara su historia. Son también varios los deportistas y particularmente los jugadores de fútbol, quienes solicitan ante las autoridades judiciales que se ordene la prohibición de publicar sus historias de infidelidades.

 

Basado en las leyes de privacidad, los jueces consideran que mediante estas órdenes se protege a los deportistas como modelos sociales, aunque hay quienes alegan que lo que en realidad se protege son los millonarios acuerdos comerciales con los diferentes patrocinadores.

 

La molestia de los medios, y de los británicos en general, reside en que como se trata de personas con ingresos millonarios, pueden pagar el trámite judicial para que se proteja su privacidad, pese a que su comportamiento moral sea de “gato de callejón”, como lo señaló un abogado respecto del caso más reciente en que JIH obtuvo una orden de restricción de este tipo.

 

En el derecho británico existe la posibilidad de emitir órdenes judiciales secretas que surgieron en derecho penal para que los arrestos que se hacían de miembros de la mafia quedaran a resguardo y no contaminaran los casos ni se escaparan más delincuentes. Sin embargo estas órdenes se han ampliado para proteger la doble vida de los famosos que pueden evitar así la exposición en los medios y la crítica.

 

Si en México existiera la figura, Cabañas, Pablo Montero o Kalimba, entre otros, no hubieran tenido que preocuparse por el que dirán ni hubieran sido la comidilla en Twitter.

 

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