Mazo judicial

 

En un caso que involucra a corredor de arte condenado por fraude, se ordena informar identidad de comprador

En un singular caso del mundo del comercio de arte, la confidencialidad que los comerciantes conceden a los compradores fue retada en el Tribunal Superior de Londres que ordenó a un comerciante dar a conocer la identidad del comprador de una pintura de Paul Signac.

La obra en cuestión se titula Calanque de Canoubier (Point de Bamer) del pintor francés neoimpresionista Paul Signac, quien ayudó a desarrollar la técnica del puntillismo trabajando junto con Georges Seurat.

La pintura pertenecía (o pertenece) a la coleccionista de arte estadunidense Linda Hickox quien en 2012 encomendó la venta de la pintura al corredor de arte Timothy Sammons. La obra se vendió en 4.5 millones de dólares. El corredor de arte británico Simon Dickinson adquirió la pintura a nombre de un cliente y, según declaró, pagó inmediatamente el precio a Sammons, pero Linda Hickox no recibió ni un dólar.

En julio de 2019 Timothy Sammons fue sentenciado a entre cuatro y doce años de prisión por un tribunal en Nueva York, después de haberse declarado culpable de robo a gran escala, llevar a cabo un plan para defraudar y muchos otros cargos criminales. Según la sentencia, Sammons robó entre 10 y 30 millones de dólares a personas en Estados Unidos, el Reino Unido y Nueva Zelanda a través del esquema diseñado para defraudar que involucró obras famosas como Buste de Femme de Pablo Picasso, Reverie de Marc Chagall y la obra en cuestión, Calanque de Canoubier (Pointe de Bamer) de Paul Signac, entre otras.

Los clientes defraudados quieren recuperar su dinero o sus obras, como lo está haciendo la familia Bathurst respecto de la obra The Bathurst Children, del artista británico Thomas Gainsborough. Linda Hickox, por su parte, trató de que Sammons le pagara su dinero, pero, a pesar de existir una orden judicial, no pudo recuperar el dinero. Por ello ahora ha decidido recuperar la obra de manos de la persona que lo compró en 2013, para lo que pidió al Tribunal Superior de Londres que ordenara a Simon Dickinson entregar los datos del comprador. Esto es lo que se conoce como una acción reivindicatoria.

Si bien el asunto tiene trascendencia porque afecta la confianza que debe regir el mercado del arte, el tema que ha resonado entre los corredores y sus clientes es el de la confidencialidad pues tradicionalmente las identidades de los clientes son reservadas por quienes actúan a sus nombres.

Sobre este particular, Simon Dickinson entregó este comunicado a The Art Newspaper: “En 2019, el fiscal de distrito de Manhattan condenó al señor Sammons por defraudar a varios clientes y actualmente cumple una condena de cuatro a doce años en Nueva York. Simon C. Dickinson Ltd. cooperó plenamente con el fiscal de distrito y presentó la documentación que contribuyó al éxito del enjuiciamiento del señor Sammons. En octubre de 2020, Simon C. Dickinson Ltd. publicó documentos que revelaban la identidad del comprador en respuesta a una orden judicial que requería su divulgación. Los documentos confidenciales se relacionan con la compra de la pintura por parte de un cliente en 2012. La solicitud se limitó a la divulgación de documentos”.

La propiedad de la obra de Paul Signac se está resolviendo ahora en el Tribunal Superior de Londres entre Linda Hickox, quien dice ser la legítima propietaria porque la obra le fue robada, y el comprador de 2012 que pagó el dinero solicitado. Será el tribunal el que resuelva quien es el legítimo propietario y quien pierde su inversión. Quien pierda tendrá que regresar a tribunales a tratar de que Timothy Sammons se haga responsable por la estafa, pero es poco probable que lo haga.

Desde el punto de vista jurídico es un interesante caso de estudio, casi de libro; desde el punto de vista de los involucrados seguramente es una pesadilla.

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