La Corte Federal de Alemania, máxima instancia en materia civil y penal, concluyó que pese a las estrictas leyes en materia de ruido, se debe permitir a los músicos tocar sus instrumentos con cierta flexibilidad.
En Alemania, las disposiciones en materia de ruido son establecidas localmente. De esta forma se establecen ciertos horarios para diferentes actividades y se prohíben otras los domingos, cuando no pueden usar herramientas como taladros o segadoras de pasto ni la aspiradora.
El caso que nos ocupa se refiere a un trompetista de la ciudad de Augsburgo que practicaba su instrumento e impartía lecciones afuera de su casa ubicada en un fraccionamiento. Los vecinos se quejaron por el ruido y decidieron presentar su caso ante un tribunal local.
En 2015, el tribunal de Augsburgo emitió una sentencia en la que permitió al trompetista tocar su instrumento en el ático de su casa por hasta 10 horas entresemana en un horario limitado de horas durante el día. En esta sentencia se le prohibió impartir lecciones en su casa y se le permitió practicar solo una hora durante ocho fines de semana al año.
La decisión fue apelada por el hombre hasta que el caso llegó a la Cote Federal de Justicia, Bundesgerichtshof, BGH, con sede en Karlsruhe.
El máximo tribunal concluyó que la sentencia apelada sentaba límites muy estrictos y señaló que los vecinos deben ser tolerantes de cierto nivel de ruido que hacen quienes tocan algún instrumento, concluyendo que los tiempos de práctica son “socialmente aceptables y formas comunes de ocio”.
La Corte señaló que, sin embargo, se debe establecer un acuerdo con los vecinos respecto de ciertos periodos de silencio, lo que depende enteramente del instrumento que se practica.
La recomendación es limitar los periodos de práctica entre dos y tres horas al día entre semana y a una o dos horas los domingos y festivos.
Finalmente, los jueces señalaron que se deben aplicar las mismas reglas a músicos profesionales y amateur.
En España se presentó un caso semejante hace unos años cuando una persona llevó a juicio a su vecina, una pianista, señalando que al haber practicado ocho horas por lo menos cinco días a la semana durante varios años, le generó alteraciones de sueño, intranquilidad, desasosiego, angustia, labilidad emocional, episodios aislados de pánico, sentimientos de impotencia e indefensión, evitación, hipervigilancia, irritación, susceptibilidad, rumiaciones constantes y problemas en la gestación de su hijo, además de un trauma que la hace salir del cine cada vez que aparece en piano en escena. Eventualmente la pianista quedó absuelta.
Si seguimos a pie juntillas la teoría de Malcolm Gladwell sobre las 10,000 horas de práctica para ser sobresaliente, difícilmente los músicos en Alemania alcanzarán la maestría con tan limitados periodos de práctica.
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