Cuando escucharon la semana pasada que el Papa Benedicto XVI había sufrido un accidente, tres monjas decidieron acercarse hasta su residencia de verano para constatar que el pontífice estaba bien atendido.

 

La más joven de ellas, la hermana Travoletta, de 56 años, fue designada conductora del vehículo y debido a la premura del caso pisó de más el acelerador.

 

 

La policía de Turín las detuvo por el exceso de velocidad y ni por la noble causa de su viaje ni su cercanía con Dios las eximió de ser multadas con 375 euros. El policía bromeó diciendo que la hermana Travoletta, a quien además la dejaron sin licencia por un mes, ya tendría tiempo de confesar sus malos hábitos al momento de conducir, pero la religiosa no está dispuesta a quedarse sin subir a su Ford Fiesta todo un mes y manejar por la campiña italiana y ya decidió apelar la multa para lo que contrató a una de las mejores abogadas en materia de casos de tráfico.

 

La historia hubiera estado de película si en lugar de manejar un Ford Fiesta las hermanas hubieran conducido un pequeño Fiat.

 

Fuente Telegraph.co.uk 

www.miabogadoenlinea.net

Pin It