Chips de papas

 

Una Corte de Condado de Victoria, Australia, sentenció el pasado viernes a dos años de prisión a Tim Brosnan, un sujeto que se embolsó fraudulentamente más de 282,000 dólares australianos, US$193,000, cargando a los clientes de un restaurante de fish and chips, pescado y papas, hasta 10,000 dólares por transacción con tarjeta.

En total fueron 38 transacciones realizadas en la terminal de tarjetas bancarias de un restaurante en el que Brosnan trabajaba, cargando un total de 282,533 dólares australianos, lo que significa que en promedio los clientes pagaron por una comida hasta 7,500 dólares de más.

Uno de estos clientes detectó el movimiento irregular después de haber consumido en local en agosto de 2016. Cuando habló al restaurante para pedir explicaciones sobre el sobrecargo de 10,000 dólares, Brosnan se negó a devolver el dinero. Desde entonces, sin embargo, todos los clientes han sido reembolsados por el banco.

Lo interesante del asunto es que este sujeto de 45 años, hijo de una mujer que fue monja y de un pastor cristiano, hizo estos cargos para poder pagar 200,000 dólares a los abogados que lo representaban en otro proceso en el que fue acusado de defraudar 1.9 millones de dólares australianos a su antiguo patrón. Por este delito fue sentenciado en 2017 a ocho años de prisión a los que deben agregarse los dos que le dictó la semana pasada la juez Julie Condon. No será sino hasta dentro de cinco años cuando pueda tener la oportunidad de salir bajo palabra.

Durante el proceso que concluyó la semana pasada, se exhibió a Brosnan como un defraudador consuetudinario, quien en un lapso de 13 años cometió más de 107 delitos de falta de honradez. Una evaluación psicológica arrojó resultados de personalidad narcisista y de desorden antisocial, pero no de alguna enfermedad psicológica que pudiera haberlo eximido de responsabilidad por su desfachatez.

Al parecer, su carrera delictiva empezó a los 30 años, en 2004, cuando fue encontrado culpable de 51 cargos de robo mientras se desempeñaba como contador. En esa época, según se conoció, empezó a beber hasta media botella de whisky y una caja de cervezas al día, hasta que en 2008 se unió a la agrupación de Alcohólicos Anónimos.

Tim Brosnan ya no bebe, pero sigue tomando dinero que no es suyo, una práctica que al parecer no es desalentada por su esposa quien, si bien no fue procesada, fue señalada por otro empleado del restaurante de haberse llevado la terminal bancaria a la oficina del local para hacer algunas transacciones.

Una vez que fue sentenciado, Brosnan sonrió a su esposa que estaba sentada en la galería de la sala judicial y fue llevado por la policía para seguir cumpliendo sentencia. Esperemos que la prisión logre su rehabilitación.

Más información smh.co.au

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