El próximo viernes celebramos en México el Día del Niño y quizá sea una excelente oportunidad para reflexionar sobre un tema que, aunque ya se ha tocado anteriormente, vuelve a tomar importancia: el castigo físico a los niños.

 

La Organización de las Naciones Unidas ha puesto en marcha una campaña para erradicar de todos los países que los niños sean castigados mediante golpes, lo que no nada más incluye bofetadas, golpes, sino también las famosas nalgadas que todos recibimos alguna vez durante nuestra infancia.

 

Y aunque ciertamente una nalgada no es lo mismo que una bofetada, los diferentes gobiernos y organizaciones a favor de la niñez han visto la necesidad de erradicar toda clase de maltrato físico por los altos índices de violencia de padres contra hijos que cada vez son más frecuentes y que suelen empezar por una nalgada y en una escalada de enojo han llegado a terminar en homicidio.

 

 

¿A quién no le ha tocado ver como una madre golpea a su hijo de cuatro años fuertemente mientras le grita que es un estúpido por alguna razón que desconocemos? ¿Quién no ha tenido deseos de intervenir y decirle a esa madre que la estúpida es ella y que deje de lastimar a su hijo? Y sin embargo, son pocos los que se atreven a intervenir porque se supone que esa madre está educando, con métodos controvertidos, pero que se trata de su obligación.

 

Porque como padres tenemos la obligación legal de educar a nuestros hijos. Al respecto, el Código Civil Federal faculta a quienes ejerzan la patria potestad o tengan menores bajo su custodia, a corregirlos, aunque señala que la facultad de corregir no implica infligir al niño “actos de fuerza que atenten contra su integridad física o psíquica”. Porque atentar contra su integridad física o psíquica es violencia familiar.

 

El Código Penal Federal considera por violencia familiar el uso de la fuerza física o moral así como la omisión grave, que de manera reiterada se ejerce en contra de un miembro de la familia por otro integrante de la misma contra su integridad física, psíquica o ambas, independientemente de que pueda producir o no lesiones.

 

En México, por tanto, el castigo físico de los padres a los hijos, siempre que sea reiterado, es un delito, que se persigue de oficio cuando la víctima es menor de edad.

 

Sin embargo, en nuestro país está tan arraigada la costumbre de sancionar a los niños físicamente que solo que se trate de maltrato grave que produzca lesiones, se abrirá una investigación sobre el caso y si no hay nadie atrás “impulsando” el asunto, como es otra lamentable costumbre en nuestro país, la investigación quedará perdida en el escritorio del ministerio público, sepultada debajo de asuntos “más graves”, hasta que suceda alguna desgracia.

 

El castigo físico a los niños se trata de algo grave cuando el papá o la mamá no pueden contener su enojo y cada vez que dan un golpe a su hijo, piden auxilio a todos nosotros. Y para que ese grito no se quede en el vacío, quizá valdría la pena considerar dos veces la prohibición legal de todo castigo físico a los niños a fin de que se pueda intervenir oportunamente prestando ayuda a los padres y a los niños, para hacer realidad el derecho de los niños a tener una vida libre de violencia.

 

¡Feliz Día del Niño!