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Después de que en Japón se conociera la noticia de que el emperador Akihito, de 82 años de edad, ha manifestado su deseo de abdicar, las discusiones sobre la legalidad y pertinencia de esa posibilidad han empezado a emerger en el ámbito político y académico.

La investidura imperial está establecida en la Constitución de Japón, documento en el que se establece que el emperador es el símbolo del estado y de la unidad de las personas, y en la Ley de la Casa Imperial. En ninguno de estos documentos está prevista la posibilidad de abdicación lo que significa que el emperador debe cumplir con sus funciones hasta el día de su muerte.

Conforme a Ley de la Casa Imperial, muerto el emperador Akihito le sucederá su hijo Naruhito, de 56 años, y ante la falta de hijos varones, le sucede en el trono su hermano, el príncipe Akishino, de 50 años de él. El tercero en línea de sucesión es el príncipe Hisahito, de 9 años, hijo de Akishino.

En 1984, durante una sesión del Senado de Japón, Satoru Yamamoto, quien era en ese entonces un alto funcionario de la Casa Imperial, dijo a los legisladores que la Ley de la Casa Imperial no permite la abdicación del emperador porque el sistema está diseñado para “estabilizar el estatus del emperador”.

Relató que antes del siglo XIX no había leyes escritas sobre la sucesión imperial y muchos emperadores voluntariamente abdicaban o eran forzados a hacerlo, dependiendo de la situación política del momento. Los emperadores retirados recibían el título de Joko que significa gran emperador.

Por la facultad de abdicar, la historia de Japón está llena de historias de luchas de poder entre las fuerzas políticas que apoyaban al emperador en funciones y las que apoyaban y obtenían beneficios de la autoridad que el Joko seguía ejerciendo. Para evitar estas situaciones, el gobierno Meiji, que fue el primer gobierno del Imperio de Japón, estableció en 1889 la Ley de la Casa Imperial que obligó al emperador a permanecer en ejercicio hasta su muerte.

La Ley de la Casa Imperial vigente se basa en esa primera ley por lo que tampoco contiene prevista la abdicación. Esta ley inició vigencia en 1947.

Para Koichi Yokota, profesor emérito de estudios constitucionales de la Universidad Kyushu, empezar a discutir sobre reglas de la abdicación imperial, traería a la mesa un gran número de complicaciones, empezando por el cuestionamiento del estatus de la institución imperial.

“¿Bajo cuáles condiciones se podría permitir a un emperador renunciar? Esa es una pregunta muy difícil”, dijo el profesor Yakota. “¿Qué si un emperador rehúsa servir porque no quiere trabajar más o porque simplemente está exhausto? ¿Quién debería pronunciarse en tal caso?”

“Si empiezas a discutir la creación de un sistema de abdicación, eventualmente te llevará a debates sobre qué tipo de emperador es deseable para nosotros”, concluyo el profesor Yakota.

Por su parte, el profesor de historia Takahisa Furukawa, de la Universidad Nihon, dijo que “si un sistema de abdicación fuera creado, las condiciones bajo las cuales un emperador pueda abdicar deberían establecerse en reglas claras y cualquier uso arbitrario de ellas debería hacerse difícil”.

Añadió que el sistema tendría que ser tan fuerte como para evitar que la abdicación obedeciera a presiones políticas externas y que por esa misma razón no debería establecerse la figura del Joko, para evitar problemas políticos.

Por lo pronto los altos funcionarios japoneses, incluyendo al primer ministro Shinzo Abe, han evitado participar en la controversia guardando silencio sobre el tema o señalando que se trata de una posibilidad a ser ejercida dentro de muchos años. Pero en vista de la avanzada edad del emperador, de su frágil estado de salud, podría parecer que para él la abdicación es un tema que no puede esperar mucho tiempo.

Más información japantimes.co.jp

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