La decisión de las autoridades de la localidad de Saint-Paul-lès-Dax en Francia, de exigir que el premiado panadero de 42 años Stéphane Cazenave cierre su panadería por lo menos 24 horas a la semana, ha dado nuevo impulso al debate en Francia sobre las reformas laborales que discute del Asamblea Nacional y los horarios de trabajo.
Stéphane Cazenave ganó el año pasado el premio a la mejor baguette tradicional en la Fête du Pain, y quizá por ello el que las autoridades locales le exijan que cumpla con una ley de 1999 en la que se dispone que las panaderías cierren por lo menos un día a la semana, ha tenido gran relevancia.
Para Cazenave, cerrar un día al año implica la pérdida de ingresos por 250,000 euros al año por lo que ya ha dicho que la decisión lo va a obligar a tener que despedir a uno o dos empleados. Un argumento que cobra fuerza en el país cuyos niveles de desempleo son mayores del diez por ciento y que el gobierno está tratando de abatir mediante una serie de propuestas conocidas como Ley Macron, por el nuevo ministro de economía Emmanuel Macron y que incluye, entre otras, la desregulación de profesiones como la de notario y nuevas reglas sobre la apertura dominical de los comercios.
Sobre esta última propuesta, en diciembre pasado, antes de presentarla ante la Asamblea Nacional, el primer ministro Manuel Valls explicó que la medida pretende incentivar la economía fomentando el gasto de locales y turistas, generando mayor competitividad y creando nuevos empleos.
Así, la iniciativa que ahora discute la Asamblea Nacional de Francia pretende ampliar a doce domingos al año la apertura de tiendas en ciudades no principales, en lugar de los cinco días permitidos actualmente. Además, facultaría a las autoridades municipales a otorgar permiso para abrir cinco domingos adicionales aunque con la prerrogativa de no usar esta facultad y no conceder permisos adicionales.
En las ciudades turísticas y estaciones de transporte muy concurridas, la normativa podría permitir la apertura de un mayor número de domingos al año.
No para todos la apertura diaria de los comercios es benéfica. Respecto del caso del panadero Cazenave, el presidente de la confederación nacional de panaderías, Jean-Pierre Crouzet, dijo que el decreto de 1999 que obliga a las panaderías a cerrar por lo menos un día a la semana es uno acordado por la industria porque es en términos de competencia: “No se trata de evitar que la gente trabaje sino de encontrar un balance y la promoción de la calidad del producto”.
Explicó que al cerrar un día a la semana cada panadería no se satura el mercado y se incentiva la competencia pues las personas empiezan a comprar en otras panaderías diferentes a su panadería usual lo que eleva la calidad del pan.
Pero para el ex ministro François Fillon, “el hecho de que el trabajo en nuestro país se considere un delito y que la pasión de un artesano sea limitada de esta forma nos debe alertar de lo absurdo de nuestro sistema” y por tal motivo manifestó su completo apoyo al caso de Cazenave.
Sin embargo, no se trata de un tema a debate sino de la aplicación de una ley vigente que, en su caso, debe ser modificada en las instancias oportunas para aplicarla a todo el gremio y no sólo a un “artesano apasionado”.
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