Un francés de 33 años con el corazón roto y deseoso de escuchar un “gracias”, fue sentenciado la semana pasada a 10 meses de prisión por haber llamado y enviado mensajes de texto a su ex novia 21,807 veces, con un promedio de 73 contactos diarios, por un periodo de 10 meses.

Según se supo durante el proceso, las llamadas y mensajes tenían la intención de cobrar a la exnovia por los arreglos que él había hecho al departamento de ella.

Durante el proceso este hombre reconoció que lo que hizo estuvo mal y fue excesivo y que el razonamiento detrás del acoso fue obtener un resarcimiento económico o por lo menos el agradecimiento de la mujer. “Hasta ese momento no pararé de llamar”, declaró este sujeto haber pensado durante el tiempo que estuvo acosando a la ex.

Así que cuando ella canceló su línea de teléfono, él siguió llamándola a casa de sus padres y a su trabajo, acosándola diariamente hasta que, durante una reunión de mediación, ella le dio las gracias por las reparaciones, tras lo cual él no ha vuelto a tener contacto con ella.

Pero el daño estaba hecho y el juzgado francés lo encontró culpable de acoso y lo sentenció a diez meses de prisión, seis de los cuales suspendidos, y al pago de una multa de $1,300 dólares. Además, dado su historial médico de depresión, el juez ordenó que asista a tratamiento psiquiátrico y que, por supuesto, no vuelva a tener contacto con su ex novia, una maestra de 32 años que, al igual que él no ha sido identificada por razones legales.

Este hombre no es la primera persona, y sin duda tampoco será la última, en lidiar con un rompimiento amoroso llamando a la ex pareja. Sin embargo hay que saber hasta dónde poner un límite y no llegar al extremo de casi 22,000 llamadas telefónicas lo que no solo consume dinero sino una gran cantidad de energía y de tiempo.

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