Guillermo Marín García, un lustrador de calzado o bolero de 74 años de la ciudad de Manizales, en el departamento de Caldas, Colombia, está reclamando al Festival de Manizales los derechos sobre su imagen, ya que esta es parte de la publicidad de este festival internacional de teatro, considerado el más antiguo de Latinoamérica.

Don Guillermo cuenta que un día que trabajaba afuera de la Catedral Basílica de la ciudad, donde habitualmente ofrece sus servicios, dos jóvenes lo abordaron y le preguntaron si podían tomarle una foto, a lo que él accedió pensando que eran turistas.

Los jóvenes llevaron su equipo y sentaron a Don Guillermo en una silla, para tomar la imagen y le dieron 20 mil pesos colombianos, unos 135 pesos mexicanos.

Días después la imagen apareció en carteles, espectaculares, periódicos y páginas web como parte de la publicidad del Festival.

 El abogado Arinson Riasco ha aceptado llevar el caso de don Guillermo y por lo pronto ha solicitado al Festival copia del contrato que se haya celebrado para utilizar la imagen del bolero, aunque duda de su existencia, ya que don Guillermo no sabe escribir. De hecho, para autorizar a Riascos a representarlo, lo hizo con su huella digital.

 En Colombia, la Ley No. 23 de enero 28 de 1982, sobre derechos de autor, establece en su artículo 37 que “la publicación del retrato es libre cuando se relaciona con fines científicos, didácticos o culturales en general o con hechos o acontecimientos de interés público o que se hubieren desarrollado en público”.

Por otra parte, el artículo 87 prevé que “toda persona tiene derecho a impedir, con las limitaciones que se establecen en el artículo 36 de la presente Ley, que su busto o retrato se exhiba o ponga en el comercio sin su consentimiento expreso,… La persona que haya dado su consentimiento podrá revocarlo con la correspondiente indemnización de perjuicios”.

 En Colombia existe un criterio de jurisprudencia que establece que el titular del derecho a la imagen tiene la facultad de decidir sobre la captación, apropiación, reproducción, publicación, exposición y comercialización de su imagen por parte de terceros, pudiendo limitarse el consentimiento en la autorización de uso de la imagen puede limitarse en el tiempo

 Asimismo, se plantea que la transferencia de estas facultades debe constar en un documento por escrito y en el cual se conceden de forma expresa, a título oneroso o gratuito, las facultades que el titular del derecho a la imagen desea transferir a terceros, estableciéndose si es una autorización de carácter general o con un alcance específico

 “A mí lo único que me molesta es que no me hayan pedido consentimiento ni que me dijeran para qué era la foto”, dice don Guillermo. “Yo solo espero que reconozcan el error que cometieron conmigo, porque no me dijeron para qué era”. Dependiendo de la respuesta que den las autoridades del Festival, se tomará la decisión de demandar o no.

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