En 1986 activistas de la organización ambientalista Greenpeace en Londres escribieron y distribuyeron un panfleto que contenía información contra el restaurante de comida rápida McDonald’s.

 

La información contenida en el panfleto decía, entre otras cosas, que el restaurante explota a sus trabajadores, que vende comida de muy baja calidad y que contribuye con el deterioro ambiental del planeta, quizá nada nuevo pero que en su momento los ejecutivos de McDonald’s la calificaron de información difamatoria.

 

Fue así como McDonald’s contrató a uno de los mejores despachos de abogados de Inglaterra e invirtió un estimado de 10 millones de dólares en una demanda por difamación promovida en contra de dos activistas de Greenpeace, Helen Steel, quien trabajaba medio tiempo en un bar, y Dave Morris, un cartero desempleado, quienes fueron defendidos pro bono por Keir Starmer, quien actualmente es el director de la fiscalía de Inglaterra y Gales.

 

Pese a que los activistas distribuyeron apenas unas cientos de copias del panfleto, McDonald’s se embarcó en uno de los juicio civiles más largos de la historia reciente del derecho inglés, en un caso que no solo les significó millones de libras esterlinas, sino pérdidas en su reputación e imagen, además de que contribuyó a difundir la información contenida en el panfleto y a prolongarla en el tiempo.

 

Finalmente en 1997 el Tribunal Superior de Londres decidió que el panfleto contenía cierta información difamatoria y condenó a los dos activistas a pagar a la empresa una compensación por 60,000 libras. La sentencia fue apelada y la cantidad a compensar se redujo a 40,000 libras, una cifra que no fue entregada porque McDonald’s no se encargó de ejecutar.

 

Este caso ha sido desenterrado de los anales de la historia gracias un libro próximo a salir a la venta en el que al describir los métodos de la policía encubierta en Inglaterra, revela que una de las personas que ayudó a escribir el panfleto difamatorio era Bob Lambert, un policía encubierto que se infiltró en Greenpeace bajo el nombre de Bob Robinson.

 

Lo interesante del caso es que Bob Lambert, en su labor como policía encubierto, cometió varios actos ilegales y delitos, como por ejemplo haber sido coautor de este panfleto difamatorio y haber hecho explotar una bomba en una sucursal de la tienda Debenhams mientras estaba infiltrado en un grupo protector de animales. Lo anterior independientemente de haber mantenido relaciones sexuales con cuatro mujeres de Greenpeace, una de ellas con quien procreó un hijo y a quienes no reveló su identidad ya que en 1989 desapareció sin dejar rastro. Fue hasta el año pasado cuando su hijo y su madre supieron que el supuesto activista era en realidad un policía.

 

La identidad de Bob Lambert no se reveló antes durante el juicio por difamación porque éste se orientó no hacia la autoría del panfleto, sino hacia la distribución del mismo, pero ahora se sabe que el departamento de asuntos internos de la policía empezó algunas investigaciones sobre los actos de este policía y ya un vocero de la policía metropolitana declaró que la policía “reconoce la gravedad de los alegatos de conductas inapropiadas y de las prácticas pasadas en los despliegues encubiertos”.

 

El libro que será publicado la próxima semana y donde se narra la intervención de Lambert en el caso de McDonald’s recibe el título en inglés de Undercover:The True Story of Britain’s Secret Police escrito por Paul Lewis y Rob Evans.

 

Quizá ahora Bob Lambert responda ante la justicia de sus actos que excedieron sus funciones de policía.

 

 

Más información The Guardian

 

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