El próximo 12 de junio será el Día Mundial contra el Trabajo Infantil como un recordatorio de la urgente necesidad de una acción mundial concertada para poner fin al trabajo infantil.

 

En el marco de este día se han empezado a hacer públicos diversos informes sobre el trabajo infantil en el mundo, alertando sobre el problema.

 

En uno de los países donde se está llamado la atención sobre el problema es Angola en donde se denuncia que el porcentaje de niños menores de 18 años en condiciones laborales no aptas está incrementándose.

 

Las autoridades angoleñas recientemente capturaron a una banda de personas que se dedicaba a a promover el trabajo infantil en las provincias de Huila, Namibe y Cunene, habiendo reclutado a más de 30 niños de edades entre los 12 y 17 años para trabajar en granjas.

 

Después de la larga guerra civil que se vivió en Angola, de 1975 a 2002, el problema del trabajo infantil se incrementó debido a que muchos niños quedaron huérfanos. Las cifras actuales de trabajo infantil, sin embargo, no han superado las de 2002.

 

Como en muchos países en desarrollo, los niños angoleños viajan de sus provincias a Luanda, la capital, para emplearse en sitios de construcción no solo de capital chino, sino también gubernamentales.

 

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, ha denunciado a las empresas chinas por emplear a menores de edad, negándoles sus derechos humanos particularmente el derecho de ir a la escuela. Pero America Radio ha denunciado que hay más niños trabajando en obras en construcción que pertenecen al gobierno que para empresas de capital chino. Estos niños ganan entre $150 y $190 dólares mensuales.

 

En Angola la edad mínima para contratar a un aprendiz es de 14 años y aplican una serie de restricciones como la prohibición de que menores de 16 años trabajen en fábricas. Además se aplican otras restricciones para trabajadores menores de 18 años como el horario nocturno.

 

Las violaciones a la ley laboral se sancionan con multas, sin embargo lo más lamentable del caso es que es el mismo gobierno, encargado de proteger y asegurar los derechos de los niños, el que infringe la ley y viola sus derechos humanos. Una denuncia parecida a la que diversas organizaciones hacen sobre Uzbekistán donde cada año se sacan a unos dos millones de niños de las escuelas para la cosecha del algodón y así lograr las cuotas de producción impuestas por el gobierno.

 

 

Más información Africa Review

 

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