Gulnara Karimova es una polifacética mujer uzbeka que se describe a si misma como “uno de los rostros jóvenes más prominentes de Uzbekistán”. Es doctora en ciencias políticas, embajadora plenipotenciaria de Uzbekistán en España, representante permanente de su país ante la oficina de la ONU en Ginebra, Suiza, y en otras organizaciones internacionales, y además del trabajo que su nombre “está asociado a modernos proyectos sociales”, es también creadora y propietaria de la marca de ropa Guli.

 

También es la hija del presidente de Uzbekistán, conocida por los opositores de su padre, pese a sus títulos, como la hija del dictador.

 

Gulnara Karimova es noticia esta vez no por haber cantado otra vez con Julio Iglesias bajo su seudónimo de GooGoo’sha, sino porque diferentes grupos de derechos humanos lograron mediante sus protestas que el desfile de su marca Guli se cancelara en las pasarelas neoyorkinas que viven la semana de la moda.

 

Un portavoz de Human Rights Watch declaró que el gobierno de Uzbekistán es conocido por usar la tortura en su sistema penal, por castigar con prisión a la disidencia y por la explotación de niños cada año en la cosecha del algodón.

 

Otro grupo en materia de derechos de los trabajadores, International Labor Rights Forum, y la Federación Americana de Maestros señalaron en las protestas que en Uzbekistán cada año se sacan a unos dos millones de niños de las escuelas para la cosecha del algodón y así lograr las cuotas de producción impuestas por el gobierno.

 

Entre sus demandas no solo se encontraba la cancelación del desfile de Gulnara Karimova, sino también denunciar al algodón uzbeko y urgir a la industria de la moda a no adquirirlo.

 

Esta última demanda también ha tenido eco ya que más de 60 empresas relacionadas con la ropa, ya sean diseñadores como Gucci o Alexander Moqueen, o que venden y distribuyen ropa como Walmart y Target, firmarán un acuerdo en el que se comprometen a no adquirir ni distribuir prendas hechas con algodón uzbeko que sea producto del trabajo esclavo infantil.

 

Gulnara Karimova no prestó declaración al respecto y solo se supo que movería de lugar la presentación de su colección, pero los grupos de derechos humanos aseguraron que también estarían ahí para evitar que se siga promocionando su marca y que se haga eco mundial sobre la situación laboral de estos niños en Uzbekistán.

 

 

Más información wnyc.org

 

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