El pasado viernes fue juramentado como presidente de Costa de Marfil Alassane Ouattara, después de cuatro meses de disturbios y conflictos postelectorales que condujeron a la intervención de tropas francesas después de que la ONU fallara en sus intentos diplomáticos entre Ouattara, ganador del proceso electoral y el entonces presidente Laurent Gbagbo, quien no quería ceder el poder.
La toma de protesta como presidente fue tomada por N’Dre, funcionario que cuatro meses atrás declaró vencedor de las elecciones al saliente presidente, al anular un fuerte porcentaje de votos favorables a Ouattara en una conflictiva región del país. Esos votos fueron calificados de fraudulentos por el presidente Gbagbo, aunque los observadores de la ONU no reportaron actividades fraudulentas aparentes en la región.
Con la toma de protesta del nuevo presidente, tras la eliminación de adversarios en el último bastión leal a Gbagbo y su captura el pasado 11 de abril, la normalidad parecería regresar al convulsionado país africano, sin embargo analistas opinan que de no reactivarse pronto la economía y con ellos las instituciones, la violencia podría reaparecer.
Costa de Marfil es el principal exportador de cacao en el mundo, lo que en otra época lo llevó a ser una de las naciones más ricas de la zona. Sin embargo, las exportaciones del grano se detuvieron hace tres meses con los conflictos con lo que se paralizó la actividad económica. Según reportes, estas exportaciones se reanudaron el sábado.
Por su parte, la ONU ha declarado que investigará las violaciones a los derechos humanos cometidas por ambos bandos pues se estima que más de 3,000 personas fueron asesinadas en diferentes regiones del país durante los cuatro meses que duró el conflicto postelectoral.
Laurent Gbagbo fue detenido en abril pasado y se encuentra bajo arresto domiciliario en la ciudad de Korhogo donde ya fue cuestionado por la fiscalía por abusos cometidos a derechos humanos.
Las autoridades marfileñas evitaron el ingreso al país de los abogados franceses de Gbagbo, quienes fueron deportados a París por lo que han denunciado que no se está garantizando el derecho de Gbagbo a defenderse.
Este equipo legal del ex presidente está liderado por Jaques Verges, apodado como el Abogado del Diablo porque en su trayectoria ha sido abogado defensor de Saddam Hussein, de Klaus Barbie, criminal de guerra nazi, Carlos El Chacal y fue representante de Slobodan Milosevic. También fue abogado en el pasado del propia Alassane Ouattara.
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