El miércoles de la semana pasada, la Suprema Corte de Dinamarca absolvió a una joven médica que había sido sentenciada por negligencia médica, en un caso que captó la atención de la comunidad del sector salud del país.
El caso ocurrió en agosto de 2013 en el Hospital Svendborg cuando un paciente llegó a urgencias quejándose de dolor estomacal. La doctora que lo atendió, habiendo revisado sus antecedentes médicos, pidió verbalmente a una enfermera que le realizaran una prueba de glucosa en sangre, pero la prueba no se realizó.
Posteriormente se ordenó realizar una tomografía al paciente para lo cual fue sometido a un régimen de ayuno. Horas después el paciente fue encontrado inconsciente y falleció unas semanas después, presuntamente derivado de un daño cerebral por baja de azúcar.
Concluida la investigación policíaca, la médica fue acusado de incumplir un párrafo de conducta médica relacionado con "negligencia grave o repetida del deber o descuido en la práctica de deberes", porque no se encontró registro de la solicitud del examen de glucosa en sangre en el expediente y no verificó si la enfermera había seguido sus instrucciones.
La doctora fue absuelta por el tribunal de Svendborg, pero en apelación fue encontrada culpable de negligencia por el tribunal superior Østre Landsret y condenada a pagar 5,000 coronas danesas más gastos legales. En esta sentencia los jueces concluyeron que, aunque la médica cometió un error, el mismo no estaba directamente conectado con la muerte del paciente.
El caso de Svendborg, como fue conocido, generó preocupación en la profesión médica porque en la práctica muchas de las instrucciones son verbales por lo que sentar un precedente sobre este tipo de conducta supondría que los médicos podrían ser demandados diariamente. Por esta situación, en redes sociales se inició el movimiento #detkuhaværetmig que significa “pude ser yo”.
La semana pasada, la Suprema Corte, Højesteret, revirtió la sentencia del tribunal superior. En el veredicto, cuatro de los siete magistrados encontraron que la actuación de la joven médica no pude definirse como una negligencia grave o falta de cuidado. Los otros tres magistrados concluyeron que ella había actuado "en contra del conocimiento médico básico", debido en parte a que no se implementó un plan para el tratamiento de la diabetes del paciente.
La absolución ha sido muy bien recibida por la comunidad médica y fue calificada como “una victoria del sentido común y el único resultado correcto de este caso” por Andreas Rudkjøbing, presidente de la Asociación Médica Danesa, Lægeforeningen.
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