Mazo y birrete

Esta semana se pronunció la Corte Suprema e Israel respecto de la batalla judicial que inició en 2009 entre las mujeres que tienen en posesión documentos inéditos del escritor checo Franz Kafka y la Biblioteca Nacional de Israel, fallando a favor de la institución y ordenando a la familia Hoffe a entregar la documentación que se encuentra resguardada en cajas de seguridad en Suiza y en Israel.

Cuando en 1924 Kafka falleció, quedó como albacea de sus bienes su amigo y editor Max Brod, quien al revisar los documentos del escritor encontró una carta dirigida a él en la que le pedía que destruyera todos sus escritos.

Max Brod hizo caso omiso de la petición y decidió conservar esta documentación en su poder, así que cuando en 1939 los nazis ocuparon Praga, lo que obligó a Brod a salir del país, la documentación de Kafka viajó hasta Palestina en una maleta de la mano del editor.

Una vez establecido, Brod empezó a publicar ciertos documentos de Kafka, ayudado por su secretaria Esther Hoffe, una checa refugiada con dos hijas, y quien a la muerte de Max Brod en 1968 quedó como albacea de sus bienes, lo que incluía los papeles de Kafka.

Esther Hoffe vendió algunos manuscritos de Kafka, entre ellos El Juicio, por 2 millones de dólares, y al fallecer ella, sus hijas heredaron los papeles restantes de Kafka. Mucha de esta documentación no ha sido publicada y estas mujeres la mantienen en cajas de seguridad.

La Biblioteca Nacional de Israel se involucró en el asunto al argumentar que el testamento de Max Brod no fue cumplido por Esther Hoffe puesto que se interpreta que éste dejó la documentación de Kafka a la Biblioteca al haber instruido a la secretaria a entregar la documentación a “la Universidad Hebrea de Jerusalén, la biblioteca municipal de Tel Aviv o a alguna otra institución en Israel o en el extranjero”. Sin embargo, Hoffe nunca entregó dicha documentación.

El domingo de esta semana, la Suprema Corte de Israel rechazó la apelación presentada por las hermanas Hoffe, declarando que “Max Brod no quería que su propiedad se vendiera al mejor postor, sino que ellos encontraran un lugar apropiado en una institución literaria y cultural”, reconociendo la propiedad de estos documentos a la Biblioteca Nacional de Israel.

Hasta el momento muchos de estos documentos ya han sido vendidos y se antoja difícil que las Hoffe entreguen fácilmente la documentación restante. Incluso, en 2010 se levantaron suspicacias cuando denunciaron dos robos seguidos en el departamento de una de las hermanas en Tel Aviv, sin que precisaran qué fue robado. Todo son elucubraciones porque hasta el momento se desconoce cómo procederá la familia Hoffe.

Más información theguardian.com

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