El reciente escándalo en España es el viaje del rey Juan Carlos a Botswana para cazar elefantes, viaje del que resultó lastimado de su cadera, razón por la cual tuvo que ser operado.
La molestia, además de los $40,000 dólares que pagó por cazar al elefante, sin contar hospedaje, traslado, alimentos, souvenirs y demás gastos, se debe a que los elefantes son animales protegidos por estar en peligro de extinción.
Tan solo la semana pasada se dio a conocer que el tráfico de marfil es un próspero negocio que atiende una creciente demanda particularmente en China, razón por la cual hay una cacería indiscriminada de estos animales a los que cazadores furtivos dejan perecer en la selva tras cortarles los colmillos, lo que se ha convertido en un problema más en varios países africanos, muchos de lo que han declarado la cacería de elefantes como ilegal.
Como justificación, algunos parlamentarios españoles han señalado que el rey ha prestado innumerables servicios a la patria, y si ello le da derecho gastar dinero en safaris en África es asunto que deben debatir los españoles, pero no parece ser una excusa razonable que le confiera la potestad de matar animales en peligro de extinción, aún cuando en Botswana sea legal.
Lo interesante será conocer su opinión sobre el cambio climático. Quizá desconoce que éste se debe a la afectación que estamos haciendo de los ecosistemas con acciones sin sentido como la matanza de animales por deporte.
Esperamos que no se entere de que en Tailandia todavía quedan algunos orangutanes que diversas organizaciones están luchando por proteger, porque quizá le dan ganas de otra foto de él con un rifle en la mano al lado de un orangután muerto.
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