Carles Puyol, jugador de fútbol de la selección española y del F.C. Barcelona, se enroló en una nueva defensa, esta vez de los orangutanes, en una nueva campaña de la ONU.
Y es que la ONU da para los gustos de todos, a favor de la infancia está la UNICEF, de los refugiados, la ACNUR, en contra de las drogas y el delito, UNODC, y en cada organismo alguna cara famosa para hacer llegar el mensaje al mundo.
La defensa de los orangutanes, chimpancés, bonobos y gorilas no es un asunto menor, al contrario. Se trata de animales que se encuentran en serio peligro de extinción.
El programa Ambiental de la ONU dio a conocer que actualmente solo existen 66,000 orangutanes en los bosques de Borneo y Sumatra en Indonesia y esta situación crítica fue la que dio origen en 2001 al Proyecto para la Supervivencia de los Grandes Simios, GRASP por sus siglas en inglés, que al lado de Rescate Animal Internacional están lanzando la campaña “Actúa ahora con los Orangutanes”.
Carles Puyol, en los afiches de la campaña dice “A mi me importa, ¿Y a ti?” y nos invita a visitar un sitio web que proporciona información sobre la conservación de los orangutanes, la reforestación y el impacto de la producción de aceite de palma en el hábitat de estos animales.
La campaña podrá ser vista en Indonesia donde se encuentra el mayor hábitat de los orangutanes, pero todos podríamos comprometernos con Puyol en la defensa de nuestros primos, no solo por cuestiones medioambientales, sino porque gracias a ellos y a diversos estudios científicos hemos conocido más de nosotros mismos. Incluso quizá en ellos se haya encontrado la raíz biológica de la justicia.
Me explico. Marc Hauser efectúo un experimento en el que colocó a dos monos en jaulas contiguas, dando acceso a uno de ellos para que mediante una palanca acercara una galleta para él y otra para su compañero. Y mientras fue una galleta para cada uno, todo funcionó a la perfección.
Pero cuando se colocó una galleta para el mono que accionaba la palanca y tres para su compañero, el primero se negó rotundamente a accionar la palanca por que no iba a trabajar para que el otro ocioso, sin haber movido un dedo, se comiera tres galletas y él solo una. ¿Te suena conocido? Sin duda una extraña noción de justicia que implica sacrificar lo propio si con ello el otro no sale ganando algo a costa nuestra.*
*Conocí de este experimento gracias al libro de Pere Estupinyá, El Ladrón de Cerebros de editorial Debate. Altamente recomendable.
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