Culturista posando

El tema de la defensa de los derechos humanos algunas veces se sale de proporción y deja de tener su pleno sentido y un ejemplo es lo que está ocurriendo en Nueva Zelanda, donde algunos culturistas dicen que la cadena nacional de gimnasios CityFitness viola sus derechos al haber impuesto una prohibición general para posar.

La administradora de los gimnasios, Lisa Brown, explicó que, en efecto, han prohibido posar por un incidente que hubo en que un culturista posó en su ropa interior, generando un clima de incomodidad entre el resto de los miembros del gimnasio.

Así, desde el pasado viernes en esta cadena de gimnasios no solo no se puede posar, ya que tampoco se pueden tomar selfies, gruñir, usar lentes y capuchas y, al parecer, tampoco usar los leotardos sin mangas que los culturistas suelen usar.

“El fundamento para la política es aclarar el uso de nuestras instalaciones. Nuestro objetivo es crear un ambiente amigable y receptivo para que todos se ejerciten y las instalaciones están creadas para ese propósito.

“Es completamente aceptable durante el curso de las rutinas de ejercicio usar los espejos para evaluar la forma, técnica o apariencia estética”, dijo la administradora, pero no es apropiado que se practiquen rutinas para “ningún deporte individual”, lo que incluye las poses que hacen los culturistas.

“Así que, si la intención al venir a nuestras instalaciones es exclusivamente usarlas para practicar una rutina de culturismo, pedimos que busquen localidades alternativas para esas prácticas”.

Si como yo, no estás familiarizada con el culturismo, la culturista Sarah Ward explica que las poses son importantes porque así pueden ver si hay asimetría, si necesitan trabajar más cierta parte de sus cuerpos o si se sienten cómodos con ciertas poses o no, por tanto, dice, posar es parte de la ejercitación y no cree que al hacerlo nadie se sienta intimidado.

“De lo que nos queremos alejar es de las poses enfrente de espejos porque, si eres nuevo en el gimnasio (y) caminas alrededor y ves eso, eso es lo que potencialmente te puede hacer sentir incómodo en el ambiente del gimnasio”, asegura Lisa Brown en oposición a lo que los culturistas opinan.

Un tema trascendente para los culturistas que son miembros del gimnasio, pero que no ataca los derechos humanos toda vez que se trata de una persona privada, el gimnasio, en una relación contractual con otra persona, en la que la segunda se compromete no solo a pagar las mensualidades sino a cumplir el reglamento del gimnasio, por absurdo que pueda parecer. Así que, si los culturistas quieren seguir gruñendo, tomándose selfies y posando en sus leotardos, mejor que cambien de gimnasio. Eso sí, es posible que ante tribunales puedan pedir el reembolso de sus cuotas de inscripción.

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