La industria editorial debería tener una preocupación natural por fomentar la lectura entre los jóvenes, ya que al final ellos se convertirán en consumidores de libros. Deberían, pero entre el deber y el ser hay diferencia como lo demuestra la Sociedad de Autores Belga (SABAM).

 

SABAM, organización que agrupa a los editores, compositores y autores de Bélgica, está pidiendo a las bibliotecas de Bélgica, en las que voluntarios le leen a los niños, que paguen regalías por esa "comunicación pública" de los libros.

 

El diario belga De Morgen informaba el pasado miércoles 14, que varias bibliotecas recibieron el requerimiento por parte de SABAM. Y según los cálculos hechos por las bibliotecas, pagar derechos por introducir a los niños a la lectura mediante las actividades de los voluntarios les puede costar alrededor de 260 euros anuales.

 

En una declaración posterior SABAM señaló que se trata de un malentendido, y que ellos se referían a las regalías derivadas por el uso de música en estos eventos de lectura.

 

En cualquier caso, si SABAM intenta seguir adelante con esta acción, estará afectando los intereses de los propios editores y autores, ya que aquellos niños que pueden convertirse en lectores con el apoyo de las bibliotecas, podrían nunca llegar a desarrollar esa afición. Toda una incongruencia.

 

 

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