Hay patrones que deberían tomar un curso intensivo de Derecho Laboral para conocer bajo las leyes de sus países que tipo de despidos se consideran justificados, y con cuales meten la cabeza a la soga y desde el mismo momento en que despiden al trabajador se condenan a pagar una alta indemnización.
Algunos despidos se han dado por causas insólitas, como por ejemplo la policía de tránsito de Barcelona que fue despedida por no cumplir con su cuota de multas de 1000 mensuales e imponer menos de cien. Por supuesto que las autoridades desmintieron después que el despido se debiera a esta situación y señalaron que era por un recorte de personal.
Otro caso es el de una mujer que decidió presumir sus senos recién operados a sus compañeras de trabajo y por haber realizado esta acción “entre amigas” como ella dijo, recursos humanos decidió poner fin a la relación laboral.
¿Y qué tal el caso del que bostezó? Sus patrones dijeron que era la gota que derramaba el vaso después de numerosas faltas del trabajador como abandonar su empleo para salir a desayunar, pero no fue causal suficiente y tuvieron que entregarle al somnoliento empleado una fuerte indemnización.
Y a otro sujeto lo despidieron por “exceso de gases”. Sus compañeros se quejaron de sus malos olores y si ya hubo problemas laborales por el uso de perfume, ¿por qué no iban a despedir a éste por flatulento? El empleado atribuyó el exceso de gases al medicamento antidepresivo que tomaba, el cual por lo visto solo contribuyó a empeorar su situación porque se quedó hasta desempleado.
Por ser sexy o lucir bonita hay varios casos, como el de Debrahlee Lorenzana, quien alega que perdió su empleo en un banco porque a sus patrones no les gustó que fuera tan sexy que no dejara concentrar a sus compañeros de trabajo.
Hasta para decir adiós hay que pensarle un rato, más si se trata de una relación laboral.
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