El pasado miércoles el Senado checo aprobó el Tratado de Lisboa y la trascendencia radica en que, salvo Irlanda, era el último país que faltaba por ratificarlo. Irlanda lo someterá a referéndum el próximo otoño y de ser aprobado por los irlandeses, este Tratado podrá ser implementado.

 

El Tratado de Lisboa es un documento que modifica los Tratados de la Unión Europea y de la Comunidad Europea, que ahora se encuentran en vigor y que son la máxima ley de la Unión, como si fuera su Constitución.

 

El Tratado de Lisboa se firmó el 13 de diciembre de 2007 por los mandatarios de la Unión Europea, pero para que tenga plena validez, cada estado ha debido someterlo a sus procesos internos de aprobación. Podríamos equiparar este proceso con las modificaciones constitucionales en México que deben ser aprobados por la mayoría de las legislaturas estatales. Nada más que en el caso de Europa la aprobación debe ser por todos.

 

Este Tratado propone un mayor protagonismo del Parlamento Europeo y de los Parlamentos de cada país, estableciendo mecanismos más transparentes para que los ciudadanos puedan participar a nivel comunitario, además de proponer métodos de trabajo y de votación simplificados para que la Unión se pueda ocupar de los asuntos prioritarios con mayor eficacia.

 

Como se trata de procesos internos de aprobación, la noticia del Senado checo supone una buena noticia, aunque el presidente de dicho estado, Vaclav Klaus manifestara que no lo ratificará por el momento, sino hasta saber que pasará en Irlanda, aunque los expertos opinan que ante la afirmativa del Senado checo, el voto irlandés presenta buenas perspectivas para su aprobación.

 

Europa tendrá que esperar hasta el otoño para conocer hacia donde podrá seguir su movimiento porque si bien este Tratado solo actualiza los Tratados vigentes, supone, según los expertos, un nuevo marco jurídico que proporciona las herramientas necesarias para hacer frente al futuro y a las demandas ciudadanas.

 

Fuente El País

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