Gracias a la intervención de varios grupos de derechos humanos y al intenso cabildeo del asunto, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai anunció que su gobierno otorgaba el perdón a Gulnaz, una mujer que a los 19 años fue encarcelada por adulterio, después de haber sido violada.

 

Pero pese a que pudiera parecer una victoria este anuncio, el presidente pidió a esta mujer que cumpla con la tradición afgana y se despose con su violador.

 

Tras haber sido encarcelada Gulnaz dio a luz a una niña, producto de la violación, y si bien su sentencia inicial fue por tres años, una segunda sentencia la condenó a doce años de prisión.

 

Por aterrador que nos parezca, para Gulnaz su mejor opción al obtener su libertad es contraer matrimonio con su violador porque es la única manera en que no quedará excluida de la sociedad y podrá criar a su hija en familia, sin que la puedan llamar bastarda. Además, sus hermanos recuperarían su honor y podrían también seguir viviendo en la sociedad sin la humillación que les supone que su hermana viva como madre soltera.

 

Sin embargo Gulnaz asegura que exigiría a su violador que una hermana se case con uno de los  hermanos de Gulnaz con lo que se asegura de que su violador/esposo no la lastime. Lo anterior porque en su hermana queda a merced del hermano de Gulnaz. Este tipo de compromisos, que recibe el nombre de baad, es la manera tribal en que se suelen resolver las disputas.

 

Pese a que para Gulnaz esa es la única solución, para las mujeres occidentales que ayudaron en su caso, la abogada Kimberley Motley y la cineasta Clementine Malpas,  Gulnaz podría vivir en un refugio dando la espalda a las costumbres y tradiciones afganas, evento que no es muy probable que suceda.

 

La historia de Gulnaz y la de otras dos mujeres que viven la injusticia y la violencia en Afganistán fue contada en un documental realizado por Clementine Malpas, el cual, sin embargo, fue prohibido en la Unión Europea bajo el argumento de que estas historias pueden acarrear mayores perjuicios a las mujeres afganas que beneficios pues al darse a conocer los casos sus familias quedan humilladas con lo que procede un homicidio por honor.

 

Grupos de defensa de las mujeres en Afganistán apoyan esta prohibición y señalan que estas historias deben ser cautelosamente contadas pues en el país se viven fuertes represalias y citan el caso de Bibi Aisha, la joven novia cuya nariz fue mutilada por su esposo talibán, y la fuerte presión que recibió el refugio donde se encontraba al punto que estuvo cerca de cerrar sus puertas y dejar sin ayuda a cientos de mujeres que siguen sufriendo la violencia, por lo que a veces no queda muy clara la mejor manera de ayudar, si con la denuncia o mediante el silencio.

 

 

Más información The New York Times

 

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