Agua hirviendo

La semana pasada, el gobierno de Suiza anunció reformas a la ley de protección de los animales, ampliando la protección a las langostas, crustáceos que, partir del próximo 1 de marzo, ya no podrán ser echados a agua hirviendo para cocinarlos.

Si bien la comunidad científica está dividida sobre este tema, el gobierno suizo ha decidido ponerse del lado de quienes sostienen que los crustáceos sienten dolor cuando mueren lentamente hervidos en agua, método que tradicionalmente se utiliza para cocinarlos.

Conforme con la nueva disposición legal, antes de cocinar a las langostas, los animales deberán ser aturdidos, preferiblemente con toques eléctricos, pues se sostiene que es el método más efectivo para destruir el cerebro de la langosta antes de morir, aunque sobre este tema también hay discrepancia entre los investigadores.

Para matar de esta forma a las langostas ya existe un aparato de cocina llamado Crustastun que promete electrocutar al animal, prometiendo matarlo inmediatamente. Su costo alcanza los 3,500 dólares.

La ley suiza también prohíbe el transporte de las langostas y de otros crustáceos en agua con hielo, advirtiendo que es transporte “siempre se llevará a cabo en su entorno natural”.

Las reformas a la ley de protección animal no solo implican a los crustáceos ya que también contiene disposiciones tendientes a acabar con los criaderos y las importaciones ilegales de perros, así como la prohibición del uso de dispositivos que castigan inmediatamente a un perro cuando ladra.

Asimismo, los organizadores de eventos públicos en que participen animales serán directamente responsables del bienestar de los mismos.

La disposición relativa a las langostas ha generado malestar en la comunidad gastronómica suiza pues obliga a los cocineros a buscar otras formas menos crueles de servir a los crustáceos en las charolas.

Más información theguardian.com / nytimes.com

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