El viernes de la semana pasada, los padres del adolescente de 17 años asesinado por la policía filipina durante un operativo antinarcóticos presentaron en Manila una denuncia en contra de tres policías por homicidio.
Kian Loyd delos Santos falleció el pasado 16 de agosto. Su cadáver fue encontrado en un callejón en el vecindario donde se efectuó uno de los tres intensos operativos antidrogas de esa semana en que fallecieron más de 90 personas. Estos operativos se han llamado “One Time, Big Time” o “una vez a lo grande”.
Kian apareció tendido en el piso con una pistola en la mano izquierda. Los policías declararon que lo mataron en defensa propia, pero los padres del adolescente dijeron que su hijo era diestro, no tenía armas y ninguna relación con las pandillas de drogas.
Gracias a los videos de CCTV se conoce que los policías llevaron arrastrando forzadamente a un sospechoso que encaja con la descripción de Kian delos Santos hacia el lugar donde el cadáver fue encontrado.
Si bien apenas se presentó el viernes pasado la denuncia formal por parte de los padres, asesorados por el departamento de defensoría pública, PAO por sus siglas en inglés, el Senado de Filipinas abrió una investigación sobre estos lamentables sucesos.
Durante una de las audiencias, los abogados de los padres del muchacho presentaron el resultado de dos autopsias diferentes que muestran que al joven le dispararon desde arriba a una distancia muy cercana.
“Fue un homicidio a sangre fría, a él le dispararon estando arrodillado”, declaró a medios locales el director del PAO, Persida Acosta.
Otros oficiales que han sido relevados de sus cargos por este homicidio declararon ante el Senado que el adolescente no era el objetivo de este operativo y que desconocían si tenía o no vínculos con las drogas.
Este homicidio ha puesto en evidencia la política del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte quien, al haber prometido acabar con el narcotráfico en su país, ha dado carta blanca a los policías para disparar y matar al haberles asegurado que él los protegería de cualquier consecuencia legal que pudieran enfrentar.
Fallecido Kian, ahora Duterte ha dicho a la policía que solo pueden disparar cuando sus vidas están en peligro.
Pese a la brutalidad de estos operativos y estas ejecuciones extrajudiciales que el gobierno intenta negar, al parecer la mayoría de la población filipina está de acuerdo con la política según lo han revelado algunas encuestas. Sobra decir que la violencia se ha incrementado en el país asiático y que muy probablemente los filipinos estarán de acuerdo con esta “guerra contra el narcotráfico” hasta que, como a la familia de Kian, la violencia les toque muy de cerca.
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