Niño en medio de padres separados

En Camberra, Australia, un matrimonio de diez años, formado por Nick y Sarah Jensen han declarado a los medios que de aprobarse el matrimonio entre personas del mismo sexo, ellos tendrán que divorciarse por no caber en la nueva definición legal de matrimonio.

Se trata de un matrimonio que se describe como sano y feliz, pero que pretende con esta acción hacer patente su oposición al movimiento que busca la legalización de los matrimonios igualitarios en Australia

“Mi esposa y yo, por razones de conciencia, nos rehusamos a reconocer la regulación gubernamental de matrimonio si la definición incluye la formalización de parejas del mismo sexo”, declaró a Fairfax Media Nick Jensen, director de la institución Lachlan Macquarie que otorga becas a estudiantes para que se promueva “una mejor apreciación de la relevancia de un punto de vista cristiano en las políticas públicas”.

Así, Jensen declaró que su esposa y él habían celebrado su matrimonio “como un orden de la creación fundamental, parte de la historia íntima de Dios para la historia humana, hombre y mujer, por el bien de los hijos, fiel y para toda la vida”, pero “si después en este año el estado sigue adelante y cambia la definición de matrimonio y cambia los términos del contrato entonces no podremos seguir tomando parte de la nueva definición, desafortunadamente”.

Añadió que legalizar las uniones del mismo sexo socava “nuestra institución más sagrada, y tendrá serias consecuencias para los hijos que crecerán sin una madre o un padre”.

Se dijo temeroso de que el reconocimiento de parejas del mismo sexo lleve a ampliar aun más la definición de matrimonio: “Una vez que se establece que el matrimonio está separado de los hijos (y que es) sólo sobre amor, entonces cuando tres personas le digan al estado ‘bien, nosotros nos amamos’ entonces el estado no tendrá bases, excepto la discriminación injusta, para decirles que no se pueden casarse”.

“Cuando se separa (el matrimonio) del derecho de un niño a un padre y a una madre y a la institución sagrada que es, de pronto se vuelve sin sentido y esos límites no pueden reinstalarse”.

Si el Parlamento australiano vota en agosto de este año a favor de reformar la Ley del Matrimonio, que actualmente define a la institución como “la unión de un hombre y una mujer con exclusión de todos los demás, a la que entran voluntariamente de por vida”, y eliminar la parte de hombre y mujer y la disposición que expresamente prohíbe reconocer como matrimonio a las uniones del mismo sexo, las estadísticas sobre divorcio en ese país del sur se verán incrementadas en uno.

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