En agosto, entran en vigor en Yucatán las penas contra la pornovenganza

Persona en la cárcel

El Congreso del Estado de Yucatán aprobó una reforma al Código Penal de la entidad para sancionar la divulgación de material erótico y sexual, ya sea con o sin el consentimiento de las otras personas afectadas, conocido como pornovenganza.

Así, se incluye en el Código Penal un capítulo de Delitos contra la Imagen Personal y se adicionan los artículos 243 Bis 3 y 243 Bis 4 para sancionar esta conducta como delito contra la intimidad y la imagen personal.

Se aplicará una pena de uno a cinco años de prisión a quien habiendo obtenido con la anuencia de otra persona imágenes, textos o grabaciones de contenido erótico, sexual o pornográfico, las revele, publique, difunda o exhiba sin su consentimiento, a través de mensajes telefónicos, publicaciones en redes sociales, o cualquier otro medio.

También se penalizará de seis meses a cuatro años de prisión a quien coaccione, hostigue o exija a otra persona, con la amenaza de revelar, publicar, difundir o exhibir sin su consentimiento contenido erótico que previamente le haya sido proporcionado.

En ambos casos, si la víctima es menor de edad, la pena aumentará hasta en una mitad.

Los diputados manifestaron que “habrá un plazo considerable para difundir el tema, porque hay que aclarar que no se está sancionando la conducta de tomarse fotos entre parejas, que se conoce como sexting; se está penalizando que sin permiso de una de las partes, esas imágenes, videos o sonidos, sean compartidos, incluida la amenaza de ejecutar esta mala práctica”.

Esta legislación entrará en vigor el próximo 1 de agosto. Las víctimas que así lo deseen podrán que recurrir a la Fiscalía General de Yucatán a levantar una denuncia por delito en contra de la imagen y la intimidad a partir de ese día.

La iniciativa fue promovida por la joven yucateca Ana Baquedano, de 23 años, quien fue víctima de esta práctica después de haber compartido una imagen íntima con una persona de confianza, quien se encargó de difundirla hasta que se publicó en un sitio web.

A raíz de esta publicación, Ana, estudiante de psicología, afirma que sufrió acoso escolar, además de afectaciones en su vida personal. Sin embargo, a pesar del difícil proceso decidió tomar su caso para convertirse en activista en contra de esas prácticas y promover una iniciativa para penalizar la pornovenganza.

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