En Japón las adopciones de niños son escasas, pese a que el proceso de adopción de adultos sigue siendo una práctica muy generalizada. Así, de las 83,505 adopciones aprobadas en 2004, sólo 1,330, el 1.5 por ciento, fue de niños.

Las adopciones entre adultos en Japón tienen una larga historia y generalmente se trata de la adopción del esposo a la familia de la esposa, proceso conocido como muko yōshi, y que se efectúa para continuar con el linaje de la esposa en el caso de que no existan herederos hombres. Incluso ahora se efectúan como una práctica corporativa para mantener la dirección empresarial “en familia” o para continuar con linajes artísticos.

Y son las razones de sangre y linaje las que influyen en que la adopción de niños sea rara en Japón, una sociedad que sigue un tanto reticente a permitir que un extraño, de quien se desconoce su “clase o linaje”, forme parte de la familia.

Además existen razones de tipo legal que dificultan las adopciones de niños mayores de 6 años, pues en estos casos la madre biológica del menor conserva la patria potestad sin importar las razones por las cuales la custodia del niño la tiene el estado. Las adopciones de menores de 6 años tienen un procedimiento especial.

Por razones culturales y legales las adopciones internacionales de niños japoneses también son escasas comparadas con las adopciones de niños de otros países de Asia. Por ejemplo, las autoridades de asuntos consulares de los Estados Unidos han dado a conocer que en 2012 solo 21 niños menores de seis años fueron adoptados por estadounidenses frente a 2,697 niños adoptados de China y 627 niños adoptados de Corea del Sur. Así, de 1999 a 2012 sólo se efectuaron 483 adopciones de niños de Japón por estadounidenses.

Como en toda adopción internacional, los peticionarios deben cumplir con los requisitos que establecen las leyes de su país y del país del menor, para ser candidatos a adoptar. Esto incluye exámenes psicológicos y socioeconómicos, autorizaciones migratorias y muchas veces cursos de paternidad, en un trámite largo, costoso y agotador que, sin embargo, termina valiendo cada segundo de tiempo y centavo de dinero que se invirtió en él.

Más información Japan Times

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