Tribunal neerlandés niega que la Iglesia del Espagueti Volador sea una religión

Licencia de conducir de Niko Alm en Austria

A diferencia de Austria y otros países, un tribunal de los Países Bajos concluyó esta semana que el pastaferianismo, es decir, la Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador, no es una religión y, por tanto, se puede negar a sus miembros usar su colador de pasta en la cabeza en documentos oficiales.

El tribunal neerlandés concluyó que las autoridades de la ciudad de Nijmegen no incurrieron en responsabilidad al haber negado a Mienke de Wilde usar en su pasaporte una fotografía con el colador de espagueti en la cabeza, signo distintivo de los pastaferianos.

Mienke de Wilde había argumentado ante el tribunal que el negarle este derecho era violatorio de su derecho a la libertad de creencias, pero al fallarse que la Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador no es una religión, no existe la vulneración de tal derecho.

Ahora Mienke de Wilde está pensando llevar su caso ante la Corte Europea de Derechos Humanos.

Se trata de una controversia que ha sido reiterativa en diferentes jurisdicciones. En Austria el caso fue llevado a los tribunales por Niko Alm, fundador de la iglesia en ese país, quien en 2011 ganó el derecho de salir en la fotografía de su licencia de conducir con su colador de pasta en la cabeza. Una victoria que le costó conseguir tres años, después de que incluso las autoridades lo hubieran remitido a consulta psiquiátrica para certificar que estaba bien de sus facultades mentales.

La Iglesia del Monstruo del Espagueti Volador está integrada por pastaferianos, quienes para profesar su fe llevan como signo distintivo en la cabeza un colador de pasta. Su dogma es rechazar los dogmas y se trata de la expresión del punto de vista de un grupo de personas sobre las religiones, particularmente sobre la insistencia en ciertas escuelas de enseñar a sus alumnos la teoría cristina sobre la creación en lugar de la teoría de la selección natural.

Así, mientras en algunas jurisdicciones obtienen cierto reconocimiento, en otras lo pierden, como el caso presentado en 2014 por Stephen Cavanaugh en contra del sistema penitenciario del estado de Nebraska, Estados Unidos, en el que argumentaba discriminación y pedía una compensación de cinco millones de dólares y que a los pastaferianos reclusos se les concedieran exactamente los mismos derechos y privilegios que a los fieles de otras religiones. Su caso fue rechazado porque el juez John Gerrard concluyó que Cavanaugh no explicó suficientemente cómo había sido bloqueado su derecho a practicar su religión en la cárcel, además de concluir que la iglesia del Monstruo del Espagueti Volador no es una religión sino una parodia.

Ya veremos cómo le va a Mienke de Wilde si efectivamente lleva su caso a la Corte Europea de Derechos Humanos.

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