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Categoría: Sergio Fonseca
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La semana pasada, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) anunció que todos los vehículos que transitan en la Ciudad de México y en los 18 municipios conurbados del Estado de México, dejarán de circular un día por semana y un sábado al mes, del 5 de abril al 30 de junio, lo que ha generado protestas y la amenaza de una lluvia de amparos.

El programa “Hoy no Circula” de la Ciudad de México no es algo nuevo. Se estableció desde 1989 y consistía en la restricción de la circulación de los vehículos un día a la semana, dependiendo del último número de la placa vehicular.

Copn esta medida se restringía la circulación de una quinta parte del parque vehicular en la ciudad.

El programa inicialmente se aplicaba sólo en invierno, después de la temporada de lluvia en la Ciudad de México y cuando las inversiones térmicas incrementaban la concentración de contaminantes en la atmósfera del Valle de México. Sin embargo, después del invierno de 1990, el programa se estableció de manera permanente.

Desde entonces, el programa ha ido cambiando hasta llegar al día de hoy en el que las vehículos con hologramas 0 y 00 pueden circular todos los días, debiendo los primeros verificar cada seis meses, mientras que los segundos lo hacen cada dos años.

En el caso de hologramas 1 y 2, tienen restringida la circulación debiendo dejar de circular un día a la semana y dos sábados de cada mes o todos los sábados respectivamente.

Hasta antes de 1997 dejaban de circular en la Ciudad de México aproximadamente el 20 % del parque vehicular, pero a partir de ese año se permitió que los coches con convertidor catalítico y baja emisión de contaminantes circularan todos los días. Así que actualmente dejan de circular por día aproximadamente 7.6 % de automóviles

Así, se calcula que en la Ciudad de México circulan aproximadamente 5.5 millones de automóviles, por lo que con la medida extraordinaria dejarán de circular 1.1 millones, cuando normalmente dejan de circular alrededor de 480,000 vehículos.

Muchos afirman que con las medidas temporales que se han impuesto, se ampararán. Y es probable que así suceda, pero los juzgados de distrito no concederán la suspensión provisional ya que de concederse se afectaría el interés social y disposiciones de orden público.

Seguramente se afirmara que se violan garantías como la libertad de tránsito, el derecho de audiencia previa, de igualdad o de retroactividad.

Y al igual que sucedió en la década de los noventa y a principios de este siglo, la Suprema Corte terminará revisando el caso y negando el amparo, al considerar que no existen tales violaciones, que la libertad de tránsito se refiere a la movilidad del individuo no al medio de transporte; que al ser una medida temporal no se viola la garantía de audiencia; en cuanto a la irretroactividad, que la medida no lo es porque impide la circulación de referencia a partir de su entrada en vigor y porque al hacerlo no afectan ningún derecho adquirido, pues el ejercicio del derecho de circular en los vehículos está sujeto al cumplimiento de las normas vigentes en el momento en que se hace uso de el mismo.

Además, ratificará que no se viola el principio de igualdad porque se aplica a todos los vehículos sin excepción y, en el caso de vehículos de emergencia y de servicios, la medida es admisible ya que no se encuentran en la misma situación que el resto de los vehículos automotores que circulan.

El tema está más que discutido en la Suprema Corte. La realidad es que nos negamos a reconocer que la salud está en riesgo, que el parque vehicular es demasiado en la Ciudad de México y que no estamos dispuestos a perder el status que representa desplazarse en un vehículo propio.

Pero cuando la situación se presente como en China o la gente caiga muerta, entonces nos quejaremos porque no se hizo nada.


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