El día de hoy se hará la convocatoria oficial que respaldan diversos intelectuales, entre los que se encuentran periodistas, escritores, compositores, actores, líderes sociales, defensores de derechos humanos, académicos y caricaturistas, para que en nuestro país se realice un Congreso Popular.

Esta convocatoria se realiza con fundamento en el artículo 39 constitucional que establece que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder publico dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Los convocantes afirman que “la clase política ha traicionado al pueblo”, que “los representantes populares no representan al pueblo de México”, que “es hora de que la sociedad ejerza su poder de manera directa por medio de acciones coordinadas, pacíficas y contundentes amparadas en el artículo 39 constitucional”.

El objetivo de este Congreso es realizar una asamblea en la que  “revocarán” las reformas a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución en materia energética.

Sin duda este grupo de intelectuales está defendiendo legítimamente su posición ante la reforma energética, invitando a ello a las personas que simpatizan con esta idea, pero su convocatoria de ninguna manera puede considerarse democrática.

Las bases de esta convocatoria señalan como requisitos para participar “una firme convicción para defender tanto la patria como los derechos humanos y sociales enarbolados por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de los intereses antipopulares”.

Este “requisito”  representa un primer sesgo ya que la participación ciudadana se limita a aquellos que simpatizan con su posición ante la reforma energética, ya que si la posición es contraria, por supuesto que el “comité organizador” considerará que no existe esa “firme convicción de defender a la patria”.

En segundo lugar, quien elige  a los representantes no es el ciudadano sino un grupo de notables que se identifica como “comisión de organización” a través de una insaculación supervisada por ellos entre aquellos que cumplan los requisitos, es decir, que tengan una “firme convicción de defender a la patria”.

 Si el Congreso se limita a la participación de aquellos que simpatizan con su posición no pueden afirmar que existirá   “pluralidad, equidad y representatividad” ya que los que piensan distinto, lógicamente, quedarán fuera.

Tampoco puede considerarse que los participantes en este Congreso sean “representantes populares” o que “representan al pueblo” porque ningún ciudadano los ha elegido en forma directa como su representante.

Los documentos de este Congreso emplean en distintas ocasiones las palabras pueblo y popular, pero no queda claro si el uso de esta palabra es con el sentido que hace de la misma la Constitución o como una referencia a las clases sociales menos favorecidas.

En la Constitución Política el uso de la palabra “pueblo” se usa en un sentido político como el conjunto de individuos y tiene su raíz en el pensamiento de J.J. Rousseau. Rousseau afirma que en el pacto social “Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo”.

El filósofo consideraba que este acto de unidad da origen a una persona pública “que se constituye como producto de la unión de todas las otras, recibía antiguamente el nombre de Civitas y ahora el de República o de Cuerpo Político, denominándosela Estado cuando es pasivo, soberano cuando es activo, y potencia cuando es comparada con sus semejantes. En cuanto a los asociados, éstos toman colectivamente el nombre de pueblo y en particular se llaman ciudadanos, como partícipes de la autoridad soberana, y súbditos, por estar sometidos a las leyes del Estado”.

Como podemos ver, el concepto de pueblo se refiere a todos los individuos que comprenden a la sociedad o al Estado, no sólo a un sector.

Si este Congreso utiliza las palabras pueblo o popular para referirse sólo un grupo social, entonces de origen se encuentra viciado y no tiene legitimidad porque no representa a todos los individuos, convirtiéndose en un club de amigos que se reserva el derecho de admisión para quienes piensan igual que ellos.

Este Congreso parte del principio de “estás conmigo o en mi contra” convirtiéndose en un congreso faccioso que no es diferente a lo que llaman “clase política” u “oligarcas apátridas y avariciosos”.

En resumen, el congreso popular es sólo una farsa.

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