Hasta hace algunos años, todos pensabamos que éramos propietarios de los discos, películas o libros que comprábamos, y por tanto, con la capacidad de venderlos o copiarlos.

Así considerabamos que podíamos disponer libremente de CD's, DVD's, videojuegos, programas de cómputo y libros, hasta que la era digital nos vino a demostrar lo contrario.

Siempre los productos que están protegidos por derechos de autor han estado acompañados de restricciones. En general se prohíbe la reproducción parcial o total sin autorización previa del autor.

Así en los CD's encontramos leyendas como “Se prohíbe la copia o reproducción parcial o total, aun de carácter privado, su alquiler y su ejecución pública por cualquier medio” o “Se prohíbe su producción, reproducción, importación, almacenamiento, transporte, distribución, comercialización, venta o arrendamiento, así como su adaptación, transformación y comunicación directa al público sin la previa autorización por escrito del titular".

En los DVD's aparece el aviso de que “Sólo esta autorizado su uso privado y doméstico. La ley castiga con cárcel a quien copie, edite, reproduzca, adicione o reduzca total o parcialmente la obra o exhiba públicamente o la explote comercialmente mediante venta, renta o canje u obtenga un lucro de cualquier otra forma, sin consentimiento del titular del derecho autor de dicha obra”.

Los libros también tienen avisos de las editoriales que prohíben, “sin la autorización escrita de los titulares de los derechos de autor, la reproducción total o parcial de la obrador cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía, el tratamiento informático”. Y  en los últimos años en los libros también se prohíbe “la distribución, de ejemplares de la obra mediante alquiler o préstamo público”, es decir, no pueden ser utilizados en una biblioteca si no existe autorización de por medio.

Estas prohibiciones nos demuestran que durante todos estos años sólo hemos sido dueños del material físico en el que está contenido la obra, pero que no podemos disponer libremente de ese contenido o creación. Sin embargo la era digital ha hecho esto cada vez más evidente porque el autor cuenta con un mayor control sobre la obra, o más bien, los intermediarios como las compañías distribuidoras, discograficas, cinematograficas, editoriales y en general la industria del entretenimiento.

En la era digital cuando compramos en Internet  música, videos o libros digitales, desaparece el medio físico que contiene la obra y en realidad adquirimos una licencia de uso, con limitaciones específicas.

Así, las licencias han pasado de ser ilimitadas en la era física, a ser limitadas en la era digital. Un ejemplo: cuando comprábamos el Office, adquiríamos una licencia para usar de forma ilimitada este programa de Microsoft Office, ahora, esa licencia es renovable cada cuatro años. Es decir, si quieres seguir usando el programa, tienes que renovar la licencia.

También, violar las licencias de uso de la era digital tienen consecuencias más inmediatas, que en un medio físico. Así lo experimentó una noruega que perdió 40 libros electrónicos por violar las licencias de uso de Kindle. 

Por eso,  ahora más que nunca ha quedado claro que no somos dueños de las creaciones que compramos y que adquirirlas nos da derechos limitados para usarlas y disfrutarlas.

Este 2014 nos puede deparar más cambios en la forma en que se ven actualmente los derechos de autor.

 

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