Desde diciembre de 2012 en nuestro país ha surgido, principalmente en la capital de la República, un grupo de jóvenes que se identifican como anarquistas y que en distintas manifestaciones se han enfrentado a las fuerzas del orden.

 

Esto no debería de extrañarnos ya que la filosofía anarquista ha estado presente en nuestro país desde 1861 con la llegada de Plotino Rhodakanaty, pero más aun, forma parte de los fundamentos de nuestro país con Ricardo Flores Magón, uno de los ideólogos de la Revolución Mexicana, que además de abrazar el liberalismo social, también enarbolo la filosofía anarquista.

 

Anarquía es la ausencia de gobierno, de autoridad y es delimitada por Pierre Joseph Proudhon, quien fue el primero en definirse como anarquista, como “una forma de gobierno sin amo ni soberano” donde “cada persona pudiera poseer los medios de producción, individual o colectivamente, el intercambio de bienes y productos se produciría a través de una forma ética de negociación o regateo, en la que cada parte buscaría tan solo un equivalente de lo que ofrecerían”.

 

En distintos momentos de su activismo, Flores Magón manifestó abiertamente que su propia filosofía básica y credo político era anarquista. Al escribir una carta a su hermano y a Praxedis Guerrero desde la cárcel en 1908 expresó: “... Si nos hubiéramos llamado a nosotros mismos anarquistas desde el principio, nadie, o al menos sólo algunos, nos hubieran escuchado… todo es una cuestión de táctica… Con el fin de no tener a todos en contra de nosotros  debemos continuar llamándonos liberales durante el curso de la revolución, y en realidad continuaremos propagando la anarquía y ejecutando actos anarquistas”.

 

Inclusive sus ideas lo llevaron a disentir con Francisco I. Madero. En una circular enviada por el Partido Liberal Mexicano a todos sus miembros, un mes antes, el partido dejó claro que no quería pacto o alianza con los partidarios de Madero. El Partido Liberal, argumentó, “quiere la libertad política y económica por la entrega de la tierra a las personas, la elevación de los salarios y la reducción de las horas de trabajo, y detener la influencia de la Iglesia en el gobierno y la familia. El partido antireeleccionista (de Madero ) sólo quiere libertad política dejando la tierra a los capitalistas , los obreros como bestias de carga , y el clero a seguir embruteciendo al pueblo”.

 

Cuando Madero firmó la paz con Díaz, Flores Magón declaró: “El tratado de paz propuesto entre Díaz y Madero no detendrá la actividad revolucionaria de los liberales, ni la actividad de las otras fuerzas revolucionarias independientes de Madero... Madero no es la revolución… La revolución del Partido Liberal Mexicano no es política, sino una verdadera revolución económica”.

 

Muchas de sus ideas fueron recogidas por Emiliano Zapata, quien inclusive asumió como bandera el lema del Partido Liberal : “Tierra y Libertad”, que fue el único grupo revolucionario con los que los Flores Magón reconocerían un vínculo, aunque los zapatistas consideraban que un gobierno era necesario.

 

Al final de la Revolución, parte de sus propuestas serían incluidas en la Constitución d e1917, pero no se alcanzó el objetivo final que el pretendía que era la desaparición de un gobierno.

 

En el México del siglo XXI aun existen anarquistas y algunos inclusive se identifican con el magonismo, pero los jóvenes que han aparecido recientemente en las calles se alejan de los ideales enarbolados por el magonismo y están tomando como bandera el anarquismo insurreccioncita, influenciados por los movimientos que han surgido en distintas partes del mundo, especialmente el chileno.

 

Ellos pretenden con sus acciones “dirigir sus vidas en lugar de que las manipulen”, entienden que “la autoridad, por su propia naturaleza, sólo puede interferir e imponer cosas”. Sus fines son más generales que los magonistas, ya que no pretenden la entrega de la tierra o los sistemas de producción a las personas, sino simplemente la caída del Estado porque “sin Estado nos encontraríamos en situación de organizarnos libremente según nuestros propios fines. La libre organización resultaría en una sociedad mucho más tranquila y equilibrada que la actual. Una sociedad regida por todos, sin líderes ni representantes".

 

Las formas de expresión más usuales del "anarquismo insurreccionalista" es la propaganda por el hecho y la confrontación, al considerar que la acción violenta contra las estructuras o contra los sistemas de dominación genera más repercusiones, obtiene más relevancia y, por tanto, es mucho más eficaz que la simple palabra para despertar las energías rebeldes del pueblo, pudiendo llegar a desembocar inclusive en una insurrección generalizada.

 

Al final esperan que sus actos sean imitados, ya que consideran que “es materialmente imposible para el Estado y el capital vigilar el aparato de control que opera sobre todo el territorio social”.

 

Están en contra de cualquier tipo de liderazgo u organización permanente, incluyendo partidos y sindicatos, y prefieren la organización informal que se basa en grupos pequeños unidos por una afinidad común.

 

En resumen, así como para algunos sus armas de luchas son las marchas y plantones, para este grupo de jóvenes es lo que ellos denominan acción directa, es decir, la violencia.

 

En varios países europeos la actuación de los anarquistas insurrecccionistas ha sido considerado terrorismo anarquista. Debe preocuparnos que estos grupos sigan obteniendo la simpatía de otros jóvenes, porque bajo esta filosofía los hechos violentos están justificados, por lo que pueden extenderse.

 

 

Más información en theanarchistlibrary.org

 

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